Mariel Cabrujas M.

El mal de Alzheimer, enfermedad neurodegenerativa que se cree afectó al político británico Winston Churchill, es padecida por 7,5% de las personas mayores de 65 años de edad en todo el mundo.

La Alzheimer s Disease International asegura que el número de pacientes se duplicará en los próximos 20 años. Aún cuando el Alzheimer es uno de los tipos de demencia más comunes, no suele ser la única y de su diagnóstico a tiempo depende mejorar la calidad de vida de los adultos mayores que la padecen.

Jesús Dávila, neurólogo y directivo de la Sociedad Venezolana de Neurología, explica que para este proceso degenerativo no existe un diagnóstico inmediato, pues depende de los resultados que arrojen los estudios como el encefalograma, el perfil neurológico, el perfil de laboratorio, la prueba de VIH y sífilis, así como la historia clínica del paciente. “El médico debe pensar en la dignidad del paciente a la hora de hacer el diagnóstico y tratarlo como si fuese un familiar”, dice Dávila.

Puede sospecharse de la presencia del Alzheimer cuando las primeras manifestaciones de la enfermedad están relacionadas a la pérdida de memoria. Esta es una de las diferencias claves entre el Alzheimer y otro tipo de demencias en las que los primeros síntomas son problemas conductuales (demencia frontotemporal), dificultad motora (demencia con cuerpos de Lewy), o la presencia de la apatía y depresión (demencia vascular).

Olvidar el nombre de un familiar, no recordar la tarea pendiente o lo que se hizo hace un momento, demuestran un deterioro leve en la memoria que puede irse agravando con la evolución de la enfermedad. A esta pérdida de memoria inicial se le van añadiendo nuevas deficiencias cognitivas como la dificultad para ejecutar y comprender el lenguaje, desorientación espacial, incapacidad para razonar e incluso problemas conductuales a causa del desconocimiento de situaciones e individuos.

En una etapa muy severa del Alzheimer, las personas pueden olvidar por completo las actividades básicas cómo comer o realizar sus necesidades fisiológicas, debido al grave daño cerebral ocasionado. Para evitar este estado es recomendable el diagnóstico temprano que permita desacelerar el avance a través del tratamiento y ejercicios mentales.

“Si no usamos el cerebro para pensar, éste se deteriora. Los pacientes deben mantener el contacto social y el aprendizaje de nuevos conocimientos para encontrar mejorías y mejorar la calidad de vida”, asegura Dávila.

Vida sana, mente sana

Todavía no se conoce con exactitud cuál es el origen del mal de Alzheimer. Esta enfermedad degenerativa e irreversible, suele ser más común en pacientes con antecedentes familiares de demencia senil.

El hábito del tabaco ha sido asociado con un desarrollo más acelerado de la enfermedad. Sin embargo, el consumo moderado de licor (una copa diaria en la mujer y máximo dos copas en el hombre) especialmente de vino, podría disminuir la incidencia de este proceso degenerativo.

La dieta y el nivel de instrucción también podrían contribuir a tener una mente sana a la tercera edad. El consumo de antioxidantes como la vitamina E y C puede funcionar como neuroprotector, así como la ingesta semanal de pescado, gracias a su rico contenido de ácido graso omega 3.

La educación, como método de aprendizaje de conocimientos, está relacionada con la capacidad de aumentar las reservas cerebrales y las conexiones entre neuronas, lo que ejercita la mente.