Desde hace décadas, mucha fantasía ha habido entorno a la posibilidad de congelar a un ser humano para poder “despertarlo” años, décadas o hasta siglos después. Literatura, cine… abundan en ejemplos sobre este desafío biológico y hasta religioso.

Pues al parecer, desde hace tiempo el ser humano comenzó a andar pasos un poco más ciertos sobre este hecho, ya que van más de un centenar de “casos” de personas que decidieron congelar sus cuerpos antes de fallecer, asidos de la esperanza de retomar la vida en un futuro no muy lejano. Hoy en día se conoció la noticia de que una niña tailandesa de apenas 2 años se convirtió en la persona más joven sometida a congelación criónica.

Su nombre es Matherym Naovaratpong, hija de ingenieros médicos, y fallecida por una forma rara de cáncer del cerebro.

Estando tan relacionados con la medicina moderna y de investigaciones importantes, sus padres decidieron que debían hacer algo por la niña, apenas conocieron que padecía de tan fatal tumor, un poco después de cumplir sus dos años.

Su familia la llamaba de forma cariñosa “Einz”.

“El primer día que se enfermó Einz, me surgió rápidamente esta idea de que debíamos hacer algo citífico para ella, todo lo que fuera humanamente posible en ese momento”, dijo su padre, Sahatorn.

Tras plantearlo a la familia, y luego de superar la reticencia que muchos manifestaron, aceptaron la posibilidad de llevar a cabo tal decisión. Querían preservar a Einz con una tecnología conocida como criónica o criopeservación, y congelar su cerebro momentos después de su muerte con la esperanza de que algún día pudiera ser revivida.

La niña murió el 8 de enero de 2015, antes de cumplir los tres años.

Según explicó su progenitor, el cerebro de Einz se colocó en un estado de congelamiento profundo en el momento de la muerte y se mantiene así hasta que, algún día, cuando ocurran avances extraordinarios en tecnología médica puedan revivirla y crear un nuevo cuerpo para ella.

“Hay científicos que están 100% seguros de que esto ocurrirá un día, pero no sabemos cuándo”, dijo Sahatorn.

Desde el inicio de todo este proceso la familia Naovaratpong eligió a Alcor, una organización sin fines de lucro en Arizona, principal proveedora de lo que llama “servicios de extensión de vida”.

Desde que Einz presentó la enfermedad y su  familia tomó la decisión de este “servicio de extensión de vida”, un equipo de Alcor voló a Tailandia para supervisar el enfriamiento inicial del cuerpo de la niña. Cuando se declaró su muerte, el equipo de Alcor comenzó lo que se conoce como “crioprotección”: el retiro de los fluidos corporales reemplazándolos con una forma de anticongelante que permite congelar profundamente el cuerpo sin provocar daños de gran escala en el tejido.

Cuando el cuerpo llegó a Arizona se extrajo el cerebro y está mantenido a una temperatura de -196ºC.

Einz es la paciente número 134 de Alcor, y hasta ahora, la más joven.

Un periodista de la BBC visitó a la familia de Einz, cerca de Bangkok, y describió cómo mantienen la habitación de la pequeña: “Parece un santuario a una joven vida que terminó trágicamente pronto. (La habitación) está vacía y es blanca, amueblada sólo con el soporte del catéter que la mantenía viva, y su cuna, que también es blanca. El único indicio de color en este ambiente tan austero es una pequeña estatua dorada budista, unos cuantos juguetes de peluche y un enorme retrato de la pequeña niña en la pared”.

Los padres de Einz también planean congelar y conservar sus cuerpos con este procedimiento criónica, aunque reconocen que hay pocas posibilidades de que puedan volver a encontrarse con su pequeña hija en sus nuevas vidas.

Pero por los momentos, los Naovaratpongs también se han concentrado en donar la misma suma de dinero que han gastado en la crioperservación de Einz a las investigaciones sobre cáncer en Tailandia.

Fuente: bbc.com