Si deseas comenzar a comer sano y recuperar tu talla perdida, ¡Febrero es tu mes! Mientras te preparas mentalmente para el cambio, te propongo este tripe ejercicio:

1. Piensa objetivamente en lo que te hace engordar y anótalo. Tal vez, esto sea lo más importante antes de iniciar cualquier dieta. Con las ideas claras y mirando tu problema desde fuera, lo abordarás de forma mucho más realista y tomarás decisiones más eficaces.

2. Asegúrate apoyos. Yo lo llamo buscarse un “mentor o mentora”. Puede ser esa amiga que perdió peso y no ha vuelto a engordar, tu médico de cabecera o, sencillamente, alguien cercano a quien respetas y en quien confías. Explícale el problema y cuéntale que quieres introducir cambios positivos con su ayuda. Si, igualmente, conoces a otras personas en tu situación, no lo dudes: habla con ellas para intercambiar impresiones, salir a caminar juntas, jugar al pádel, acudir a conciertos… Adelgazar es más fácil si tienes el apoyo de un grupo, de hecho, es el secreto de los ‘Weight Watchers’.

3. Elige un plan llevadero para ti a largo plazo. Probablemente prefieras la dieta mediterránea o una que excluya los hidratos refinados o bien una rica en proteína magra. Sea como sea, no te lances a decisiones radicales. Piensa en un plan que puedas seguir a la larga, sin demasiadas restricciones. Por ejemplo, si no puedes pasar de los dulces, tómalos de vez en cuando en pequeñas cantidades. Si tu trabajo te obliga a comer en la oficina, piensa en sándwiches o platos fáciles de tomar, ricos en nutrientes y con las calorías justas. Lo mismo se aplica a la actividad física. Si no deseas terminar tirando la toalla a los pocos días, inicia poco a poco y ve aumentando el tiempo y la dificultad gradualmente.

Un dato importante. Un hábito necesita al menos un par de meses para establecerse. Calcula tus tiempos y hazte la firme promesa de conservar tu plan hasta que se haya convertido en rutina.

Fuente: Mujerhoy