Los médicos generalmente logran identificar la causa de un ACV aunque no siempre. Sin embargo, antes de determinar que es imposible descubrir la causa de un accidente cerebrovascular, la víctima debe someterse a una evaluación detallada y exhaustiva para investigar todas las posibles causas. Eso es particularmente importante en personas jóvenes.

El accidente cerebrovascular ocurre cuando la provisión sanguínea hacia una parte del cerebro se interrumpe o disminuye significativamente, lo que priva al tejido cerebral de oxígeno y nutrientes y ocasiona la muerte de las células.

Existen dos tipos básicos de accidente cerebrovascular. El más común de ellos es el que se produce como resultado de coágulos en los vasos sanguíneos del cerebro y se conoce como accidente cerebrovascular isquémico. Los coágulos pueden formarse en otra parte del cuerpo y desplazarse hasta el cerebro, o también pueden deberse al estrechamiento de las arterias en el cerebro que repentinamente se coagulan y detienen el riego sanguíneo. El otro tipo de accidente cerebrovascular es mucho menos común, aunque no menos grave, y es producto de un sangrado en o alrededor del cerebro; se lo conoce como accidente cerebrovascular hemorrágico.

 

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Al investigar la causa subyacente de un ACV, los médicos toman en consideración varios puntos. Entre los factores que pueden aumentar el riesgo están ciertos aspectos del estilo de vida, tal como si la persona se mantiene físicamente activa, es  obesa, consume mucho alcohol o fuma.

Las enfermedades también pueden desempeñar una función en el aumento del riesgo para ACV. La presión arterial alta, el colesterol alto, la diabetes, un trastorno del sueño conocido como apnea crónica del sueño y las enfermedades cardiovasculares (tal como la insuficiencia cardíaca y el ritmo cardíaco anormal) pueden ser factores que contribuyen al desarrollo de un accidente cerebrovascular.

La evaluación posterior al ACV debe incluir aquellos análisis que permiten identificar la presencia de enfermedades que son causas comunes para los mismos. Esos análisis pueden incluir una tomografía computarizada o una exploración por imágenes de resonancia magnética del cerebro, exámenes por imágenes del corazón y varios análisis de sangre.

En el caso de alguien que aun no cumple 50 años, hay varias otras afecciones que pueden llevar a un ACV y que son raras en las personas mayores, tales como ciertos trastornos autoinmunitarios, estados de hipercoagulación y trastornos metabólicos. La evaluación posterior al accidente cerebrovascular de una persona joven debe también incluir una minuciosa valoración de esas afecciones.

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Si después de realizar las evaluaciones con un especialista no se pudiera identificar la causa, entonces sería razonable asumir que no se encontrará la causa. En ese caso, al ACV se llama “criptogénico” y no se prosigue con más evaluaciones. Alrededor de 30% de los accidentes cerebrovasculares son de esa categoría.

Aunque no se identifique una causa específica, se puede tomar medidas para reducir el riesgo de sufrir otro accidente cerebrovascular, entre ellas, hacer ejercicio con regularidad, mantenerse en un peso sano, no fumar, beber solo cantidades moderadas de alcohol, mantener bajo control algunas enfermedades crónicas, como la diabetes, y mantener la presión arterial y el colesterol en niveles sanos.