Entre los especialistas del área de la salud es un hecho innegable la importancia del descanso, de gozar un sueño profundo y reparador para que el ser humano realmente aproveche sus máximas capacidades físicas, fortalezca su sistema inmunológico, tenga mayor salud y calidad de vida.

En el caso de los niños y jóvenes el descanso es vital. Sus horas de sueño son tan significativas como la nutrición y el ejercicio, máxime en los períodos escolares.

Así como las vacaciones suponen un descontrol en el sueño de niños y adolescentes; volver a clases y tratar de retomar la rutina para reprogramar el reloj biológico, puede ser titánico.

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Algunos consejos básicos para lograrlo son: no darles dulces en la cena, no dejarles dormir siesta y “oligarlos” a dormir entre 8 y 10 horas nocturnas.

Por otra parte, es importante que los niños tengan una nutrición adecuada para poder conciliar el sueño. Si comen alimentos muy pesados en la noche, posiblemente tengan dificultad para dormir. Asimismo, si comen muy poco, podrían sentir hambre.

La actividad física es igualmente importante, pues proporciona una vía para drenar el estrés así como el toque justo de cansancio para que los niños quieran ir a la cama. Sin embargo, no es recomendable que realicen actividades físicas de alto impacto cuando ya se acerque la noche, porque seguramente perderán el sueño.

Finalmente, un baño caliente, recostarse un poco más temprano de la hora en que se estima deben dormirse, no acostarse con televisión ni juegos electrónicos o teléfonos, puede ayudar a conciliar más rápido el sueño y tener un mejor descanso.

Fuentes: cosasdeeducacion.es y el comercio.com