Todos estamos conectados de alguna forma a una historia de inmigración. La crisis económica, política y social, un cambio de empleo, estudios y las ganas de conocer otras culturas, son algunos de los motivos por los que nuestros seres queridos están dispersos por el mundo. Nos convertimos en nómadas de cara a la diversidad cultural.

Somos la generación de venezolanos globales y emigrantes, cosa que jamás pensaron nuestros abuelos y padres, y para lo cual no fuimos criados.

Si ya emigraste, si estás en ese proceso, o si bien, conoces a alguien que lo ha hecho, te aconsejo que le hables a tus hijos del mundo y sus problemas, de la bondad de la humanidad y de las dificultades que atraviesan otros niños y otros pueblos. Aún sin irte del país, no puedes tener a tus chicos aislados de la realidad mundial. Debemos asumir la tarea de educar niños globales capaces de descubrir otras culturas mientras resguardan la propia.

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Formar ciudadanos del mundo

Educar niños globales requiere de un esfuerzo familiar y de trabajo en equipo. Buscamos fomentar los valores propios de un ciudadano del mundo: mostrar curiosidad por otras culturas, humildad para reconocer que no somos los únicos y que nuestras tradiciones no son superiores a otras, empatía con el sufrimiento ajeno, incentivar el orgullo por lo regional, y sobre todo, evitar transmitirles al pequeño nuestros miedos y prejuicios.

El objetivo es criar niños que puedan sentirse en casa incluso cuando viajen o vivan en el extranjero, y esto se logra mediante la exposición periódica a libros, revistas, vídeos, dibujos animados con tema multicultural y la adquisición de una lengua extranjera. Los recursos son muchos y los beneficios innumerables. Vivimos en tiempos de cambio, y darles a nuestros hijos una formación global constituye una herramienta más para su desarrollo personal y profesional. Empecemos ahora, nunca es demasiado tarde (o temprano). Ellos nos lo agradecerán en el futuro.

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