Nos pasamos la vida poniendo excusas a todo. Siempre hay un culpable de nuestra situación o problema, sea dentro o fuera de nosotros, sea una persona o un hecho. Es como si el mundo entero conspirara en contra de nosotros para que nunca seamos felices. Y si lo somos, la felicidad solo dura un instante y no tarda en desaparecer como por arte de magia.Felicidad 1

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Las culpas se alimentan del pasado

Vivir pendiente de nuestro pasado, anclados en él, sea positivo o negativo nuestro recuerdo… no es saludable. Las personas que se aferran a su memoria no disfrutan del presente, pues su mente no está aquí, está ausente y ocupada en algo que ya no puede cambiar. Solo podemos darle vueltas a un mismo tema de forma interminable. Rumiar el por qué, el cómo, imaginar cómo podía haberse solucionado una determinada situación, cómo podíamos haber actuado, qué podíamos cambiar y no hicimos. Es un proceso bastante agotador y desde luego muy poco productivo.

La ansiedad y el miedo al futuro

En el otro extremo de la ecuación, tenemos al Señor Futuro, donde parecen residir nuestros peores miedos o la tan ansiada felicidad. Algunos vemos un futuro negro, amparándonos en la estadística, en la crisis, en las noticias y en las cifras del paro. Nos negamos el derecho a vivir ahora, pues hay que estar preocupados, hay que inquietarse, hay que alimentar ese miedo que vive dentro de nosotros y se expande por las calles de nuestras ciudades, se va traspasando a nuestros hijos, se va contagiando por el planeta entero.Felicidad 2

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El peligro de abusar del subjuntivo

También podemos pecar de optimistas e imaginar un futuro mejor. O pensar que la verdadera felicidad, felicidad con mayúsculas nos visitará cuando… Cuando. Ésta es la palabra peligrosa. No nos permitimos ser felices ahora porque no es el momento, porque no tenemos la situación idónea, porque ahora todo está mal, pero llegará un momento, un día, un año…

Y entonces nos sentamos a esperar, mientras corremos desesperados tras los fantasmas de nuestros sueños. Esperamos a que llegue el viernes para terminar la semana laboral. Esperamos a que llegue el verano para irnos de vacaciones a la playa. Esperamos a que nuestros hijos crezcan y encuentren un trabajo digno. Esperamos a jubilarnos y por fin disfrutar de nuestra tranquilidad y nuestros hobbies.

Acepta la incertidumbre de la vida

Por otro lado, si notas que eres de los que viven siempre en el futuro, o crees que el futuro es lo que te dará la felicidad, es posible que sufras de ansiedad y estrés y tampoco sepas apreciar el momento.Felicidad 3

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Fuente: La Razón