Los “propósitos de enmienda” como yo los llamo, que todos nos planteamos a comienzos de año, es costumbre formularlos verbalmente”, razón por la cual, en la mayoría de los casos terminan siendo solo “buenas intenciones”. Mi recomendación para que no se olviden en el mes de febrero, es que los escriban más los revisen permanentemente y gracias a un ejercicio de constancia puedan hacer realidad, si no todos, unos cuantos y eso representará per sé, un gran avance en sus vidas.

La clave está en ser disciplinados, porque no hay fórmulas mágicas, cualquier cosa que trasciende es producto de un esfuerzo, no de la improvisación, es fruto de la planeación, de la continuidad y de hacer en cada momento, en cada día, lo que se tiene que hacer para lograrlo.

La labor cotidiana, el buen desempeño, el mejor trabajo, producen en el corto, mediano o largo plazo resultados notables y trascendentes ya que, de lo que hagamos hoy va a depender el futuro.

En la mayoría de los casos, los deseos se establecen en “términos afectivos”, por ejemplo, la más común de las intenciones de año nuevo es: “el próximo año me voy a portar bien” pero bueno, qué quiere decir eso, hay que ser específicos y establecer el cómo; así es que se construyen y alcanzan metas.

Insisto, hay que darse un espacio, para sentarse y escribir lo que aspiramos cambiar o mejorar en nuestra cotidianidad, para que haya una especie de compromiso con nosotros mismos; más tener la oportunidad de revisar dicho compromiso cada cierto tiempo para evaluar cómo vamos en nuestro desempeño y refrescar lo pendiente.

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¿Por qué tendemos a no llevar a cabo nuestros sueños?

Todos los años decimos lo mismo: “este año va a ser diferente”, pero no ocurre nada. Por eso yo decidí que el 2017, será el año en el que más metas personales lograré. Y ustedes, me acompañan?

Para cumplir nuestros propósitos, lo primero que debemos tener en cuenta es qué nos lleva a abandonar el trabajo para alcanzarlos.

La mayoría nos dejamos manejar mentalmente por la “teoría del todo o nada”. No hay un término medio, sólo los extremos, por eso al fallar la primera vez claudicamos.

Generalmente los que intentamos hacer cambios en nuestra vida, nos esforzamos muy poco en recompensar los avances y por el contrario muchos sólo nos castigamos por los retrocesos.

La mayoría de las personas que se establecen una meta olvidan diseñar un plan de acción objetivo que se adapte a su tiempo y capacidades, y algunos si lo hacen pero dejan de lado el evaluar lo que les motiva para así no perder el foco. Hay que medir no sólo lo agradable que puede resultar alcanzar la meta, sino también determinar lo necesario o positivo que resulta a la larga.

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El poder motivador de cualquier meta viene de verdaderamente comprender por qué se quieren lograr.

Antoine de Saint Exupery escribió: “si quieres construir un barco no le pidas a la gente que te junte madera y no les asignes tareas y trabajo, más bien enséñales a suspirar por la interminable inmensidad del mar”.

No hagan una lista inmensa de propósitos, elijan dos o tres que sean las más importantes para ustedes. Si los logran antes de que el año termine, pues maravilloso; entonces pueden elegir uno o dos más.

En mi caso, resulta de gran ayuda colocar recordatorios visuales como fotografías o imágenes del destino final deseado. Pídanle a un familiar o amigo que les monitoreen y le recuerden la meta a lo largo del camino. Además, prémiense sin importar cuan pequeños sean los logros.

No hay mejor momento para empezar que el presente. Si esperan para trabajar en sus propósitos hasta encontrar el momento perfecto, nunca iniciarán. Determinen qué es lo que necesitan para empezar y pónganse en marcha, pues antes de que se den cuenta estarán celebrando sus éxitos.

Este es un extracto de la columna original publicada en Caraota Digital.

María Laura Garcia