La rabia, ira o enfado, aumenta el riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares hasta en un 19%, según un estudio del Duke University Medical Center (Durham, Carolina del Norte). Además, ocasiona descontrol en la producción de hormonas y afecta los sistemas inmunológico, digestivo y nervioso.

Usualmente se califica esta emoción como negativa, por lo cual se reprime y se sustituye por una socialmente mejor aceptada. Pero inhibirla no hace que desaparezca; de hecho, es tan irracional que no desaparece aunque el motivo por el cual se haya ocasionado ya no exista.

La rabia reprimida suele transformarse en violencia. Además, nos impide ser creativos, nos vuelve rígidos, nos enferma, nos deprime y nos aleja de la felicidad.

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Por ello, es mejor expresarla; sin que eso signifique ir por el mundo lanzando nuestro enojo a quien se atraviese.

Como el resto de las emociones, el enojo debe ser canalizado correctamente para que no nos dañe ni dañe a alguien de nuestro entorno. Lo primero que se debe hacer entonces, es reconocerlo y hallar su origen.

Hallar el origen

Según la Dra. Helen Stokes-Lampard, del Colegio Real de Médicos Generales del Reino Unido, algunas enfermedades y medicamentos pueden producir ira, por ejemplo las estatinas, la diabetes, el Alzheimer, la tiroides hiperactiva, los somníferos o la inflamación del hígado. Si este es su caso, debe consultar con su médico tratante; pero si la rabia que siente es de origen emocional, su trabajo comienza por identificar qué la ocasionó.

Una rabia puede tener su origen en la infancia, en situaciones vividas que no supimos enfrentar o que no nos permitieron afrontar. También puede ser aprendida; si en casa ante un determinado hecho se actuaba con enfado, posiblemente nuestra reacción siga siendo esa aunque no nos demos cuenta. En ambos casos es útil trabajar con un terapeuta, para encontrar la verdadera razón de nuestro permanente enojo.

Pero la rabia también puede sentirse por contagio, cuando hay situaciones realmente irritantes que no se pueden cambiar. En estos casos, es importante no seguir al entorno, aunque resulte lo más fácil, y detenerse por un minuto a pensar cómo queremos actuar, cuál es nuestra elección personal.

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Si tú eres de los que expresan vivamente su rabia, es importante que observes lo que ocasionas en los demás, porque sentirte bien no puede estar supeditado a que otro se sienta mal. Si por el contrario, eres de los que te la tragas, debes tomar conciencia de cómo te sientes y buscar recursos para salir constructivamente de ese estado.

Ser asertivo ante la ira no es tarea sencilla, pero los beneficios son tantos, que vale la pena el esfuerzo. Cuando reconozcas una situación que te causa rabia, respira hasta que te sientas calmado, usa el sentido del humor y “salte por la tangente” siempre que te sea posible. Recuerda que por 1 minuto de rabia, pierdes 60 segundos de paz, como dijo Ralph Waldo Emerson.