Por psicólogo Doris González

Sí. Ella nos asedia. Busca siempre hasta la más pequeña rendija para entrar. No nos da escapatoria. La culpa, ese sentimiento con sabor a amargura.

Nos creemos causantes de un daño, de muchos daños y hasta delitos que no hemos cometido.

Se corresponde con el ego, ya que sí todo ocurrió por mí, entonces soy Dios! Yo produje el evento. Todo! Soy omnipotente.

culpa
Foto referencial

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Nos cuestionamos entre lo hecho y lo que debimos hacer.

Distinta es la RES- ponsabilidad: capacidad de RES-ponder por nuestros actos. Hacernos cargo de lo que hicimos o de lo que no tuvimos intención de hacer. Es hacerse cargo de las consecuencias de nuestras acciones.

Por estos días, aciagos para los venezolanos, siento un olor a culpa en el aire. Los que viven aquí porque hice esto o porque no. Los que están afuera, porque me fui, porque no luché, etc. Y lo peor, cuando ya no puedo con la mía, zuas! Se la zumbo a los otros.

Yo culpo, tu culpas, nosotros nos culpamos. Terrible! Poco útil.

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¿Qué hacer? Reflexión descarnada de lo que hice. ¿Se puede reparar? ¿Sí? Hágalo. ¿No? Pasó. Pase la página.  ¿Qué sí puede hacer de ahora en adelante?

A los venezolanos que están afuera, quiero compartir lo que le dijo una joven de @primerosauxiliosucv a @elgeorgeharris: sin la contribución de los venezolanos que están por fuera no tendríamos insumos. Cualquier cosa que se pida inmediatamente llega en toneladas. Gracias por eso!

Doris-González

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