Cuando se habla de calidad de vida, es imposible decir que se goza de ella si no tenemos una vida equilibrada, espiritualmente hablando. Aquel que no goce de unas emociones ajustadas, seguramente arrastrará a cuestas, tarde o temprano, cualquier dolencia física.

Con esto no quiero decir, que nos metamos en una burbuja para estar exentos, de pasar disgustos, tensión, angustias; sobre todo en un país como el nuestro y con lo convulsionado que está el mundo desde todo punto de vista, principalmente en lo que a valores y principios se refiere; sino que aprendamos el autocontrol y que retomemos o pongamos en práctica lo que las diversas religiones nos han tratado de inculcar.

Estoy segura que es imposible no experimentar diversos sentimientos, el detalle está, en cómo los procesamos, qué tanto los dejamos avanzar o permanecer; pues tanto las emociones positivas (alegría, buen humor, optimismo) como las negativas (ira, ansiedad) y el estrés influyen en la salud. Las primeras nos pueden hacer más fácil el proceso de recuperación de una dolencia o pueden resultar una buena vacuna ante ellas; las segundas debilitan nuestro sistema inmunológico haciéndonos susceptibles a cualquier trastorno de salud.

emociones

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Cada pensamiento, de acuerdo a la carga emocional que le demos, transforma la bioquímica del cuerpo y con ello influir para bien o para mal el funcionamiento del mismo. Por lo que el problema se basa en el tiempo que le demos cabida a lo dañino en la mente.

Tengan presente, que así, como debemos dedicar voluntad a nutrirnos sanamente, en la medida que las circunstancias lo permiten; invertir tiempo en practicar algún tipo de actividad física y a descansar, pues la cuarta pata de la mesa para poder hablar de una longevidad saludable, es buscar un crecimiento espiritual que nos permita tener un balance emocional, porque todo en nuestro cuerpo tiene un componente mental, incluso hasta el sobrepeso.

Ahora bien, si esto no les resulta suficiente amigos, a lo largo de 18 años he escuchado de los especialistas, muchísima información con la cual podría llenar páginas y páginas sobre el por qué debemos preservar el pensamiento positivo y la serenidad; y precisamente por eso, solo voy a tratar de resumirles “el asunto” para que se sientan motivados a consultar con ellos, sobre cómo aprender a ser: SANOS EMOCIONALMENTE.

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Emociones A Tu Salud

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La tristeza, la preocupación obsesiva y otros sentimientos podían dañar el corazón, provocar úlceras, arruinar la piel y hacernos más vulnerables a las infecciones, por eso nace recientemente como un nuevo campo de investigación en el mundo medico: la psiconeuroinmunología (PNI).

Hay infinidad de modos a través de los cuales el sistema nervioso central y sistema inmunológico se comunican: caminos biológicos que hacen que la mente, las emociones y el cuerpo no estén separados sino íntimamente interrelacionados. Desde hace algún tiempo se viene descubriendo que los mensajeros químicos que genera el cerebro y que influyen en el sistema inmunológico son aquellos que más abundan en las zonas nerviosas que regulan la emoción.

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Las emociones ejercen un efecto poderoso en el Sistema Nervioso Autónomo (SNA), que controla diversas funciones del organismo y hay un punto de conexión directa entre el SNA y las células del sistema inmunológico. Esto significa que el sistema nervioso no sólo se conecta con el sistema inmunológico, sino que es esencial para que exista una función inmunológica adecuada.

Para finalizar y se termine de convencer de lo vital de buscar sanidad mental, se ha llegado a la conclusión que las personas que experimentan ansiedad crónica, prolongados períodos de tristeza y pesimismo, tensión continua u hostilidad, cinismo o suspicacias implacables, tienen el doble de riesgo de contraer cualquier enfermedad, entre las que se pueden mencionar: asma, artritis, dolores de cabeza, úlceras pépticas, problemas cardíacos, fatiga crónica y depresión.

Este es un extracto de la columna publicada originalmente en Caraota Digital