El procedimiento para casi todas las embarazadas a la hora de parir es el mismo: inician las contracciones, se rompe la bolsa amniótica e inicia el proceso de parto para dar comienzo a la nueva vida. Sin embargo, a partir de ese momento todo puede cambiar y mucho.

Según Soledad Carregui, matrona del Servicio de Partos en el Hospital de la Plana en Villarreal (España) y experta en humanización del parto hospitalario, los partos terminan con un 25% de cesáreas, un 40% de episiotomías y un 90% de anestesias epidurales.

Dichos porcentajes superan en gran medida las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS), en las que se habla  de tasas “no tolerables” de cesáreas a partir del 10-15%; prácticamente la mitad de las que se producen.

“Las tasas de cesárea superiores al 10% no están asociadas con una reducción en las tasas de mortalidad materna y neonatal”, afirmó la OMS en su documentación sobre partos.

También en el caso de las episiotomías, los números que dejan los hospitales superan, en general, el 30% recomendado por la OMS.

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Estos datos son cuestionados por cada vez más profesionales sanitarios y especialmente matronas, y a ello se une la tendencia de humanizar el parto, es decir, a buscar que la mujer recupere el protagonismo y la toma de decisiones.

“La obstetricia en España, y en general en los países mediterráneos, es muy invasiva”, opinó Carlos Piñel, ginecólogo del hospital Quirón San José. “Las cosas se hacen muy mal, porque los profesionales no tienen la paciencia que requiere la obstetricia y que, lejos de ser una tontería, tiene unos beneficios inmensos”, añadió.

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Se incumplen las recomendaciones de la OMS

Permitir a las mujeres que puedan ingerir alimentos, especialmente líquidos, durante todo el período de dilatación es una de las recomendaciones de la OMS que aún se prohíbe en muchos hospitales. Ocurre lo mismo con la apertura de una vía venosa periférica a las mujeres por rutina o la realización de tactos vaginales más allá de los mínimos imprescindibles.

La posición para dar a luz es otra de las cuestiones cuyas recomendaciones no se respetan en la mayoría de los hospitales. Mientras que la OMS recomienda que se permita a la mujer parir en la posición que espontáneamente prefiera, en la mayoría de los hospitales sólo se oferta la posición decúbito supino (boca arriba), que es precisamente una de las menos recomendadas.

Las matronas quieren estar cómodas y por tanto no permiten que las mujeres puedan parir de otra manera si ellas no la conocen, falta formación”, denunció Carreguí.

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Detrás de estas prácticas contrarias a las recomendaciones de la OMS y en general de la medicalización de los partos, se esconden en el pequeño porcentaje que dejan esas estadísticas, algunas prácticas en aumento que reflejan otras formas de nacer; entre ellos:

El nacimiento lotus

Si una mujer elige dar a luz de esa forma, tras nacer el bebé no se corta el cordón umbilical y se le mantiene unido a la placenta hasta que ésta se caiga, lo que puede ocurrir varios días después y siempre después de que ésta se ha podrido. Una práctica que desde su popularización ha estado rodeada de polémica por considerarse insegura y exenta de beneficios demostrables.

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“Lo que sí aporta un beneficio es no cortar el cordón inmediatamente, sino esperar unos minutos hasta que deje de latir. Pero más allá de eso mantenerlo no aporta nada y sí un posible riesgo”, advirtió Piñel.

Se trata, además, de un procedimiento que necesariamente habrá tenido que realizarse en casa, ya que en los hospitales es muy complicado: “Para sacar restos biológicos de un hospital hay que conseguir un montón de permisos; nos encontramos muchas veces con problemas para sacar la sangre del cordón umbilical cuando los padres quieren guardarlo en un banco, pues con esto sería prácticamente imposible”, aseguró Piñel.

Siembra de la vagina

La siembra de la vagina consiste en que la madre se ponga una gasa en la vagina y aplicar después esos flujos sobre la piel, boca y ojos del bebé tras su nacimiento.

La intención es que el neonato entre en contacto con las bacterias presentes en el canal vaginal, con el objetivo de aumentar algunas bacterias intestinales y reducir el riesgo de ciertas enfermedades.

Sin embargo, las evidencias científicas vuelven a brillar por su ausencia, tal como escribió en un editorial el British Medical Journey.

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“No hay evidencia científica sobre este procedimiento y por tanto no podemos recomendarlo”, sostuvo Carmen Cáceres, matrona y miembro de la directiva de la Federación de Asociaciones de Matronas de España (FAME).

Placentofagia

También se califica generalmente de insegura la placentofagia o la ingesta de la placenta tras el parto. Aunque en este caso la práctica se ha encontrado en muchas culturas desde tiempos ancestrales, como aseguró Piñel, “tampoco hay beneficios científicos demostrables”.

Además, algunos expertos hacen referencia a la función del órgano como filtro para que los tóxicos no lleguen al bebé.

La placenta es una especie de riñón, un filtro para que las sustancias nocivas no lleguen al bebé, por lo que comérsela podría ser dañino y provocar una intoxicación”, afirmó Cáceres.

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Pero, ¿por qué están aumentando las prácticas que pueden llegar a poner en riesgo la salud de la madre y el bebé? Para las matronas, una de las causas es que “la mujer quiere recuperar la autonomía que el sistema sanitario le ha quitado”. Carreguí cree también que “la falta de información da pie a las fantasías y a la dificultad para filtrar las modas”.

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Con información de elindependiente