Si Edison no hubiera perseverado en sus mil intentos por hacer una bombilla incandescente, es decir el bombillo, no veríamos luz hoy en día. Mi productora me pregunto si podía hablar de mis desaciertos y fracasos en la cocina, yo le diría en esta columna que podría dedicar un libro al tema, con todo y eso algo es muy cierto no me cansaré de intentarlo una y otra vez, como un homenaje a ese acto de perseverancia, abro con la luz que nos regaló Thomas Alva Edison.

En la vida no he visto el primer proceso que se haya dado, sin ensayo y error, desaciertos, fracasos e intentos fallidos, muchas personas pensaran que no vale la pena, para que intentarlo otra vez? es cuando digo que si vale la pena, una y mil veces, pienso que es lo que le da sentido a mi vida, es la esencia de respirar, la adrenalina que fluye al perseverar.

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Una vez escuche y leí una estadística muy particular, está comprobado científicamente que una persona que ha ganado una fortuna o premio de lotería sin haberlo trabajado, en un lapso de 5 años está igual o peor que antes de haber obtenido ese dinero, por eso sé que todas esas fortunas que se han generado de creer, perseverar, insistir y jamás desistir son las más sólidas de la historia.

perseverar

Foto referencial

Hace 25 años comencé el negocio de la comida, yo tenía 17 años y lo primero que hice fue vender en un sitio de oficinas, donde se paraban varias personas con sus cavas a vender almuerzos para la gente de la zona. Le dije a mi madre que me llevara con mi cava y doce comidas. Estas personas no me dejaron ponerme a su lado y me enviaron a una esquina. Al llegar a buscarme me pregunto cómo me fue, llorando le dije que me fue mal: “mamá solo vendí dos comidas”. Ella de modo muy optimista y amoroso se volteo hacia mí y me dijo: “un día venderás mil, cinco mil y muchas más”. Ella creyó en mí mucho antes que yo, tanto es así que he logrado en un solo día de trabajo producir más de cinco mil comidas. Gracias Mamá, Gracias Dios.

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Hace muchos años atendiendo un catering para artistas en el país, el menú decía fajitas de pollo y carne. En la rapidez de empacar el servicio, mezclamos la carne y el pollo en uno solo. A la coordinadora de los camerinos casi le da un infarto por el error y yo me moría de la vergüenza. A la hora de comer, el grupo probó todo los platos. Cual sería mi sorpresa que esa combinación de carne y pollo fue su preferido. Esa historia me dejó la enseñanza de leer una y otra vez los pedidos, y perfeccionar la entrega de mis productos.

preparaciones especiales

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En otra oportunidad, monté un servicio para un desayuno navideño, y preparando quesillos, quemé todo el caramelo; ese que se hace en unas latas previo a poner la mezcla. Y tal sería mi frustración que volaron latas por toda la cocina llenas de caramelo quemado. La enseñanza en esta historia fue la paciencia y que el caramelo en las paredes no es fácil de limpiar.

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Otra anécdota. Por no tener los ingredientes completos de una receta, probé con cosas más radicales y fuera de cualquier similitud en ese plato. Tal fue el éxito de arriesgar e intentarlo, que nació mi estilo de cocina, jugar con los sabores, colores y textura en las distintas preparaciones que hoy en día realizo.

Un ejemplo que me llena de mucha satisfacción es un plato muy famoso de la pastelería francesa, como lo es el Macaron que se realiza con harina de almendras, divino por demás, lo realicé como proyecto de graduación en pastelería con harina de caraotas negras. Mis tutores y compañeros me decían al ver que mis intentos no eran exitosos, que cambiara mi receta. Y el día de mi presentación me arriesgué poniendo mi mejor energía en ese intento.

El resultado fue: Macaron hecho con harina de caraotas, ají dulce y cebolla, con un ganache de parchita en el medio. El veredicto del director fue el siguiente: “el mejor postre de caraotas negras que he probado en mi vida lo comí en Japón y hoy siento que me acabo de bajar del avión que me llevó a ese viaje. Volví a revivir la sensación de un mejor plato en mi vida”. De la emoción que tenía, estaba parado escuchándolo, se me salían las lágrimas y solo pensaba que valía la pena cada intento fallido y que seguiría intentándolo hasta el último suspiro de mis días.

Siento que la cocina se volvió mi pasión de vida y si vuelvo a nacer lo repito todo, con sus aciertos y desaciertos, Dios me permitió vivir de lo que amo y así lo transmito cuando doy clases o estoy cocinando.
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Gracias Dios.

Alexander López chef Ligerito