Según la Organización Mundial de La Salud (OMS), la hepatitis es una inflamación del hígado. La afección puede remitir espontáneamente o evolucionar hacia una fibrosis (cicatrización), una cirrosis e incluso, un cáncer de hígado. Los virus de la hepatitis son la forma más frecuente de contagio, pero también puede deberse, por ejemplo, a:

  • Células inmunitarias en el cuerpo que atacan el hígado.
  • Infecciones por bacterias o parásitos.
  • Daño hepático por alcohol o tóxicos (venenos).
  • Medicamentos, como una sobredosis de paracetamol.
  • Trastornos hereditarios, como la fibrosis quística o la hemocromatosis.
  • Enfermedad de Wilson, un trastorno en el cual el cuerpo retiene demasiado cobre.

En el siguiente video, la gastroenterólogo y hepatólogo, Beatriz Pernalete, nos explica más sobre la enfermedad:

 

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Síntomas

La hepatitis puede iniciar y mejorar rápidamente. Igualmente puede volverse una enfermedad larga. En algunos casos, ocasiona daño hepático, insuficiencia hepática o cáncer de hígado.

La infección aguda puede estar acompañada de pocos síntomas o de ninguno. Entre las  manifestaciones que puede producir, encontramos:

  • Dolor o distensión en el área abdominal
  • Orina turbia y heces de color arcilla o pálidas
  • Fatiga
  • Fiebre
  • Picazón
  • Ictericia (coloración amarillenta de la piel o los ojos)
  • Falta de apetito
  • Náuseas y vómitos
  • Pérdida de peso

Así lo explica la doctora Beatriz Pernalete:

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Tipos de hepatitis

El virus de la hepatitis A (VHA) está presente en las heces de las personas contagiadas y casi siempre se transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados. Se propaga igualmente por ciertas prácticas sexuales. En muchos casos la infección es leve, y la mayoría de las personas se recuperan por completo y adquieren inmunidad contra infecciones futuras por este virus.

El virus de la hepatitis B (VHB) se transmite por la exposición a sangre, semen y otros líquidos corporales infecciosos. Además puede transmitirse de la madre infectada a la criatura en el momento del parto o de un miembro de la familia infectado a un bebé. Otra posibilidad es la transmisión mediante transfusiones de sangre y productos sanguíneos contaminados, inyecciones con instrumentos contaminados durante intervenciones médicas y el consumo de drogas inyectables.

El virus de la hepatitis C (VHC) se transmite generalmente por exposición a sangre contaminada, lo cual puede ocurrir mediante transfusiones de sangre y derivados contaminados, inyecciones con instrumentos contaminados durante intervenciones médicas y el consumo de drogas inyectables. La transmisión sexual también es posible, pero mucho menos común. No hay vacuna contra la infección por el VHC.

Las infecciones por el virus de la hepatitis D (VHD) solo suceden en las personas infectadas con el VHB; la infección simultánea por ambos virus logra causar una afección más grave y tener un desenlace peor. Hay vacunas seguras y eficaces contra la hepatitis B que brindan protección contra la infección por el VHD.

El virus de la hepatitis E (VHE), como el VHA, se transmite por el consumo de agua o alimentos contaminados. El VHE es una causa común de brotes epidémicos de hepatitis en las zonas en desarrollo y cada vez se lo reconoce más como una causa significativa de enfermedad en los países desarrollados. Se han obtenido vacunas seguras y eficaces para prevenir la infección por el VHE, pero no poseen una distribución amplia.

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Diagnóstico y tratamiento 

El examen físico es la primera prueba que se utiliza para detectar hepatitis. A simple vista se observa color amarillento en los ojos y la piel. Además, el médico pude palpar la presencia de líquido en el abdomen, así como un agrandamiento del hígado.

También se suelen realizar exámenes de laboratorio propios para detectar la enfermedad (en los casos A, B o C), ecografía abdominal, e incluso biopsias del hígado, según lo requiera el médico.

En cuanto al tratamiento, éste varía dependiendo del tipo de hepatitis que se haya contraído.

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Prevención

Para los casos de hepatitis A y B, existe vacuna.

Las medidas para prevenir la propagación de la hepatitis B y C de una persona a otra son:

  • Evite compartir artículos personales tales como cuchillas de afeitar o cepillos de dientes.
  • No comparta agujas para inyectarse drogas u otros equipos para drogas.
  • Limpie los derrames de sangre con una solución que contenga 1 parte de blanqueador por 9 partes de agua.
  • No se haga tatuajes ni perforaciones (piercing) en el cuerpo con instrumentos que no hayan sido limpiados apropiadamente.

Para disminuir el riesgo de contagiar o contraer la hepatitis A:

  • Siempre lávese bien las manos después de usar el baño y cuando entre en contacto con la sangre, las heces u otros fluidos corporales de una persona infectada.
  • Evite los alimentos y el agua que no estén limpios.

Fuentes: who.int /medlineplus