Mi primera receta a los 9 años, la realicé estando mis padres fuera de la casa. Tomé un pollo del congelador un día antes y lo pasé a la nevera para que se descongelara. Todo esto lo veía de mi madre siempre. Me acuerdo haber cortado y despresado ese pollo yo solo. Tengo la sensación muy presente de cómo lo iba haciendo, como corté vegetales, las papas, zanahorias, luego el poner ese pollo en la olla y cocinarlo por completo, su olor, textura, color, gusto, todos esos elementos están muy fijos en mi CPU.

Ese pollo guisado fue mi primera receta en solitario. Al sol de hoy solo como ese plato, si lo preparo yo. Mi papá me felicitó y mi madre me hizo saber que era normal que lo pudiera hacer, creo que de ese momento en adelante la cocina fue parte de mi vida, de un modo muy transparente y lineal.

Durante muchos años solo veía lo que mi mamé hacía y fregaba platos para 200 personas en desayuno, almuerzo y cena todos los días; lo cual me convirtió en un gran observador.

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Foto. Alejandro Córdoba

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Cada vez que hacía postres de un modo tan fluido, me enseñaba que la cocina era colocarle nuestra energía, lo que podía hacer que una torta levantara o no; tanto que hoy no entiendo cuando alguien se estresa al hacer un postre, si no estás conectado, no lo hagas.

Mi padre me compraba muchos libros, recuerdo en algunos estaban unas recetas muy básicas y todas las hacía, no me paraba ante ninguna receta. Con 15 años empecé a comprar libros de cocina, todavía tengo el primero que compré de modo oficial, veía las recetas como una puerta para conocer el mundo. En esa época no existía master chef, ni nada por el estilo, las recetas no eran tan dóciles, no tenía YouTube o Internet, todo era empírico, por ensayo y error. Las recetas tenían ingredientes que no conocía o no existían a mi alcance, fue cuando comencé a sustituir ingredientes para poder realizarlas, de allí nació mi mirada de cocinar con lo que tuviera a la mano y que todo el mundo puede hacer una mejor receta de cualquier plato que se le presente.

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Foto. Alejandro Córdoba

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En más de una oportunidad no tenía un ingrediente y nacía un  mejor plato. Muchísimas veces me decían que estaba loco por combinar ciertas cosas, pero en mi cabeza recreaba sabores, olores y la cara de las personas al comer uno de esos platos, eso era suficiente para saber si quedaría bien, si yo lo visualizaba con la sonrisa en los comensales, era y es un éxito.

Me fascinan los calamares y los como con muchísimo gusto, me acuerdo que mi madre me decía: te gustan?? quieres más? Y yo: siiii, a lo que ella respondía aprende a limpiarlos y me daba de 30 a 40 kilos para limpiar. Creo que todo esto y lo anterior suman para haberme enamorado de la cocina y trabajarla con pasión, lo cual hace que en mis 25 años de carrera no me canse.

Un buen día mi madre se enfermó y me toco una cocina para trabajarla yo solo. Ese día supe que me había preparado al estilo de Karate Kid para todo lo que vendría. Gracias mamá, gracias papá, gracias Dios.

Cada uno de mis intentos es una huella de la perseverancia por aquello que amo.

En mi profesión, siento haber logrado todo lo que he soñado. Existe un solo premio que no añoro, con todo y eso siento que va a llegar un día a través de uno de los miles de mini chef que me han regalado la oportunidad de brindarle mi mirada. Ese premio es una estrella Michelin.

Ellos con su cocina y su mirada tienen mi espíritu más vigente y renovado que nunca. Hoy mismo acabo de graduar el turno de la mañana de mini chef, y esta tarde tengo la graduación del turno de la tarde. Gracias dios por regalarme esta oportunidad.

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Gracias Dios.

Alexander López chef Ligerito