Hace algunas semanas, un hombre argelino fue condenado a pasar algún tiempo en prisión. Según informó la BBC de Londres, le condenaron por abuso infantil. ¿Por qué? Porque el argelino colgó a su sobrino pequeño por el balcón de un edificio y amenazó con arrojarlo. Su amenaza literal fue: “1.000 likes o lo dejo caer”.

Como el argelino, en Chicago, unos adolescentes intentaron aumentar sus likes transmitiendo un abuso sexual por Facebook live. Y ellos no son los únicos. Retos virales absurdos y peligrososaparecen cada día para atraer visitas a la red y generar los ansiados “me gusta”.

Posiblemente, por esa necesidad de obtener más likes, falleció Oliver Pats al tratar de hacer el mejor selfi del mundo en las ruinas de Machu Pichu en Perú.

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Para los jóvenes obtener un like en sus publicaciones es una necesidad, casi adictiva, de buscar aprobación.

Según la psicóloga chilena Mónica Bulnes, esto tiene una razón biológica: al obtener un like se activa en el cerebro el “centro de recompensas”, que provoca la misma sensación de placer que produce ganar dinero o comer un chocolate, por ejemplo.

Por su parte, el editor y fundador de Pijamasurf, Alejandro Martínez Gallardo, dice que la aceptación y aprobación pública que suponen los likes, modifica el comportamiento de tal manera, que en algunos casos ocurre “un secuestro” de la vida privada. Las personas deciden vivir “en una casa transparente o al menos con muchas ventanas y cortinas descorridas”.

Así, las redes se convierten en un escaparate de tienda donde continuamente hay que estar actualizándose. Pero también, una vitrina donde se expone –con retoques, o al menos tiempo de elaboración- aquello que se puede vender, es decir, que puede ganar likes.

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Esa “vigilancia social” a la que se exponen quienes hacen vida en las redes, puede generar paranoia en algunos, por la conciencia de ser observados. Sin embargo, para otros es una necesidad insustituible, como lo manifiesta Gallardo.

¿Adictos o no?

En países como China, Argelia o Corea del Sur se han abierto clínicas de desintoxicación para tratar la adicción a Facebook. Para ellos, la patología es similar a la adicción a las sustancias estupefacientes.

Sin embargo, el doctor en psicología, experto en adicciones y autor del libro SOS…Tengo una adicción, José Antonio Molina, sostiene que el asunto no es así de grave. “Yo sé lo que es un verdadero cuadro adictivo y creo que es una exageración hablar de Facebook en estos términos”, puntualizó.

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Lo cierto es que se trate de una adicción o no, detrás de los likes de Facebook (y de cualquier red social) hay un mismo fondo: una necesidad de pertenecer, de ser aceptado por un grupo social –aunque no sea cercano- y, sobre todo, de evitar la soledad.

Finalmente, como dice Martínez Gallardo, “la promesa del social media es que nunca estaremos solos. COMPARTO Y LUEGO SOY”.