Me preguntan qué es básico en mi cocina para crear un plato, siento que el primer elemento es mi energía, una energía canalizada en positivo. Segundo música, reconozco que escuchando ciertas canciones o autores fluye todo. Tercero buen humor, este me llega fácil con la música. Cuarto me conecto con un buen recuerdo o situación. Quinto solo imagino la cara de mis comensales y si veo asombro o felicidad en sus rostros, siento que esa preparación es y será un éxito.

Si me voy por implementos, un wok, todo es posible con él; un buen cuchillo que corte tomate, una tabla de picar, una hornilla y una cuchara para saltear. Con estos elementos presentes siento que puedo vivir en una isla desierta.

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Foto. Alejandro Córdoba

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En ingredientes diría que son cebollín, mágico en olor, sabor y textura para mis preparaciones. Mostaza los mejores recuerdos de mi vida se conectan cuando la uso en la cocina y cuando la como mi sonrisa no tiene límite. Salsa soya, el sello de garantía en muchísimas preparaciones de la cocina caliente y ligera. Vino blanco, cuando entra en contacto con un sartén bien caliente se crea una de las mejores mezclas del mundo, un aroma que baña todo a su alrededor, que al evaporar su alcohol eleva las preparaciones a lo sublime. Aceite de oliva, un perfume que como los originales se consume de a poco y le da un brillo a las preparaciones de lujo.

En la panadería mis aliados son: la harina que da cuerpo a cualquier pan, la mantequilla que le da brillo, el horno que con su calor moldea y da forma cualquier creación; la sal que le da carácter a ellos y el más importante de todos, la levadura, que le da vuelo a cualquier obra de arte, que como todo ser humano crece ante el calor, se pasma en el frío y se inhibe su proceso en el fuego extremo.

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Foto referencial

En la pastelería:  la vainilla es gran artífice de olores que enamoran, la ralladura de limón recién colocada en cualquier preparación es sublime, la harina de almendras que puede convertir cualquier preparación en un plato digno de la realeza, una buena crema de limón, de todos los sabores que he probado este me parece el más explosivo de la familia de las cremas, y para cerrar el cardamomo que es el oro negro de la pastelería, cada vez que lo coloco en un mortero para molerlo y percibo su olor, entiendo que el cielo puede estar presente en la tierra y  en nuestras vidas cada vez que nos conectemos con la bella energía de todo lo elaborado con amor.

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En la chocolatería, la parchita ha sido aliada de mis mejores preparaciones, es un ingrediente súper explosivo. El jengibre da un salto exponencial al ser mezclado en este mundo tan alucinante del hijo predilecto del cacao. El coco rallado es una combinación que me lleva a recuerdos de infancia de los mejores chocolates que he comido. El praliné es mi relleno favorito en bombones, esa mezcla de caramelo crocante con un fruto seco me dispara los sentidos, al punto que me he comido 30 bombones en un solo día rellenos de cualquier sabor de praliné y por supuesto no podía faltar el protagonista de esta mirada de la cocina, el chocolate, ingrediente presente en cualquier emocionalidad del ser humano, alegría, tristeza, conquista, celebración, amor, hambre, no existe una sola en la que no esté presente y si es de 60 % en adelante mejor. Dios creo al hombre y le dio un regalo para ser feliz en la tierra: el cacao y Venezuela fue el sitio elegido para cosechar el mejor del mundo.

Mis cinco elementos son: Creer, motor y creador de todo lo que me rodea, mi imaginación, al nivel de un niño que no sabe de límites. Sueños, pequeñas cápsulas que he sabido desarrollar al dormir y estar despierto, puedo soñar las 24 horas. Paz la que me regalo al respirar un día a la vez y el Amor mi cable a tierra, una mezcla de amor adolescente, con la ilusión de un niño, la intensidad de un joven, la inquietud de vivirlo como si fuera el ultimo día, la sabiduría de la tercera edad, creo fervientemente que sin amor nada funciona correctamente en el mundo.

Gracias Dios.

Alexander López chef Ligerito