Recientemente me acompañó en mi programa de radio (#ATuSaludLaRevista) Susana Raffalli, Nutricionista, especializada en Gestión de Seguridad Alimentaria, en Emergencias Humanitarias y en Riesgo de Desastres (@SusanaRaffalli). Con ella conversé sobre un tema que nos afecta y preocupa seguramente a todos: la seguridad alimentaria en nuestra amada Venezuela y las repercusiones que tendrá en el futuro inmediato sobre la salud y la capacidad intelectual del ciudadano común.

Lamentablemente la información que les voy a tratar de compartir no es nada alentadora, pero quizás sirva para motivarnos a seguir activados en ese trabajo que debemos hacer todos los venezolanos para lograr un mejor país, un territorio en el cual esta clase de miserias desaparezcan, así como también la corrupción, el malandraje, la negligencia, la incapacidad, y tantos otros males que se derivan de la falta de meritocracia, de valores, de principios; mas tristemente sí con la abundancia del resentimiento y la envidia de la capacidad, la formación profesional, el mérito y la cultura de otros.

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Desnutrición

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Los problemas…

Para comenzar, la experta se refirió a la oferta de alimentos que el Estado está en capacidad de poner a disposición de los ciudadanos para alimentarnos, es decir, el abastecimiento puro y duro del mercado y al acceso que podemos tener a ellos, porque el alimento puede estar ahí y nosotros no poder adquirirlo por razones físicas o económicas. En Venezuela, ambos indicadores: producción más oferta alimentaria, y el acceso al alimento como tal, están serísimamente comprometidos.

Hay un vacío, existe un hueco en las cuentas alimentarias del país que no se sabe a ciencia cierta cómo el gobierno lo va a resolver y es más, parecieran no estar muy enfocados en hacerlo, ya sea por incapacidad, por falta de recursos y por no querer reconocer que el “modelo económico” es un fracaso.

La estructura privada y estatal dedicada a la producción de alimentos a nivel nacional ya sea por la escasez de insumos, materia prima o repuestos de la maquinaria, no produce ni siquiera el 30 % de lo que necesitamos, y el otro 70% que se importaba, ya no se trae al país pues apenas llega a los puertos la mitad.

Lo anterior implica una disminución severa de la cantidad de alimentos que el Estado y el sector privado, están en capacidad de garantizar en los mercados, pero es que además el poco que hay disponible es inaccesible por lo costoso. Se pueden ver los anaqueles un poco más llenos, pero a un altísimo costo, que yo diría que nadie que gane en bolívares puede pagar.

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Desnutricion infantil

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Los únicos alimentos que siguen siendo accesibles para la población son los que distribuyen los Clap, que todos sabemos por un lado, que no respeta criterios claros de asignación y por el otro, que su entrega está sujeta, a poseer un carnet de la patria que informe si se votó o no para la ANC. Pero lamentablemente, además se trata de una provisión de alimentos que dura 5 u 8 días en una casa, el resto del mes esta familia sale como cualquier venezolano a buscar, los alimentos faltantes al abasto de la esquina o en el mercado y lo que consiguen son alimentos traídos de Brasil, Italia o Nicaragua a unos precios que no se pueden pagar.

Partiendo solo de esto, con una inflación alimentaria de alrededor del 900 % (incluso de aquellos productos de la propia caja Clap, pagados a un dólar a 10 Bs., vendidos a otro valor), la canasta básica resulta inaccesible, y si le sumamos una oferta alimentaria sumamente comprometida en el país, la nutrición en Venezuela es un tema que está llegando a niveles de catástrofe. He aquí el por qué, cada vez son más los que hurgan en los basureros.

Según Susana Raffalli, atravesamos una situación inequívoca de crisis e inseguridad alimentaria derivada de una disminución masiva del consumo de alimentos, que un adulto, mal que bien, puede aguantar, pero las poblaciones más vulnerables como por ejemplo los niños menores de 5 años, los ancianos, las poblaciones recluidas en hospitales, en ancianatos, en orfanatos, en presidios, pues no; una problemática que ha llevado a muchísimos a una desnutrición grave.

Susana Raffalli, asesora a Caritas, única organización que está llevando un registro de cifras de este tipo y que las publica, porque el Instituto Nacional de Nutrición lleva otras, que no se publican. En sus estudios o registros, hay estimaciones sobre los casos de niños desnutridos como consecuencia de la situación descrita, porque los mismos están llegando a las Jornadas de Calle de Cáritas: “el 48 por ciento de los pequeños que atendemos ahora presentan algún tipo de desnutrición y los casos de niños muy graves que tienen alto riesgo de morir, alcanzan un 12 %, que es un nivel muy alto, según los estándares de la Organización Mundial de la Salud” (OMS), señaló Raffalli.

“En función de los estándares de la OMS se puede decir, que el déficit alimentario y el daño nutricional que ya presenta la infancia venezolana, nos pone en situación crisis humanitaria, ya que más del 10% de los niños de los estratos más pobres están en riesgo de morir por la desnutrición severa que padecen actualmente”.

Desnutrición Infantil

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Soluciones…

La experta manifestó que lo primero que se debe hacer es reconocer que tenemos una crisis, no seguirla ocultando, partiendo de una afirmación hecha a principios de 2017 por el Presidente de la República, quien dijo en cadena nacional que “las heridas que no se muestran, no se pueden sanar”.

Nosotros necesitamos que esta crisis se asuma para abrir, cuanto antes un canal humanitario, es decir, abrir corredores físicos para la llegada de alimentos de países como: Colombia, Brasil, Bolivia y Nicaragua. También sería útil, eliminar el actual sistema cambiario y permitirles el acceso a un dólar preferencial a los productores de alimentos venezolanos y a los productores fórmulas infantiles.

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Otra medida humanitaria por excelencia sería, y ya debieron haberlo hecho, abastecer los dispensarios del país con suplementos nutricionales para los niños que ya tienen pérdida de peso.

Otra acción sería establecer convenios de importación extraordinarios con países vecinos, que ayuden a surtir a Venezuela de la materia prima que se requiere para que la industria farmacéutica abastezca los anaqueles de las farmacias, con el propósito de evitar las muertes que por las carencias en el sector salud se están presentando. En síntesis, el querer solucionar el estado actual de cosas, significa que el gobierno, adopte o tome una gran cantidad de decisiones que reviertan las causas de la gran emergencia que atravesamos y que nos ha puesto a todos los venezolanos en “modo sobrevivencia o agónico”.

Esta columna fue publicada originalmente en Caraota Digital