“El médico que solo sabe de medicina, ni de medicina sabe”; está famosa frase del doctor español José de Letemendi nos explica que el médico debe conocer otros aspectos como la sociología, el entorno del paciente y sus costumbres,  para entender y diagnosticarlo correctamente.

Es así como a los médicos ginecólogos, quienes nos encargamos de evaluar y tratar las partes más íntimas de la mujer, se nos presenta en esta relación médico paciente un ambiente de camaradería que nos permite escuchar miles de historias cotidianas de sus vidas y que cada vez más nos confirman, sin ánimo de parecer sexista o feminista, que vivimos en un país de mujeres.

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Miles de historias de valientes mujeres

En estos veinte años de ejercicio profesional son muchos los relatos  y también el aprendizaje de cada uno de ellos. Historias de mujeres luchando por embarazarse, arrastrando a la pareja a realizarse exámenes de fertilidad porque según ellos es imposible que sean los responsables. Otras que durante el embarazo viven la terrible experiencia de separarse de su pareja y ver cómo se desligan también de los hijos.

Historias interesantes de aquellas de pacientes que vivieron toda su vida en un matrimonio ideal, y un día descubren al padre de sus hijos  con otro hogar en otro país  y con otros  hijos, y  sin embargo estas pacientes prefieren no divorciarse porque como dicen:   “a este señor ya lo conozco y para conseguirme uno peor, mejor me quedo con este”; y así terminan viviendo bajo el mismo techo pero en habitaciones separadas, especialmente si la separación conlleva a una división de los bienes que no es nada conveniente.

Madres que deciden emigrar solo para ser el puente de un hijo que no se atreve a irse solo. Jóvenes que asumen las riendas de su sexualidad con un control admirable de su anticoncepción porque tienen planes de vida antes de vivir la maternidad.

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Pero la historia más importante es aquella donde la mujer parece un remolino de ideas y proyectos y hace una y mil cosas para trabajar, atender el hogar, los hijos, verse bella, cumplir con todas sus responsabilidades aunque esté enferma y es cada día más emprendedora ante la situación del país, y aunque algunas tienen la suerte de tener una pareja a la par de ellas, hombres con proyectos y ambiciones, guerreros pues al igual que ellas, con ganas de comerse la vida, otras no tienen esa suerte y se ven frustradas con parejas que no las apoyan en el crecimiento personal y en las ganas de mejorar su calidad de vida, bien sea buscando un mejor trabajo o decidiendo la posibilidad de emigrar a otro país, sino que ellos prefieren mantenerse en su zona de confort y la mujer se enfrenta a la decisión de seguir al lado de alguien que no asume riesgos y que no les lleva el paso en este transito por la vida, o decide comenzar de nuevo.

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Sin  embargo hay otras historias, pocas afortunadamente, donde la mujer es minimizada y al salir embarazada van rutinariamente con una pareja que  contesta todas la preguntas sobre los síntomas y prácticamente no las deja hablar,  y de la misma manera pretenden decidir la vía del nacimiento del futuro bebé.

No puedo dejar de mencionar en la Venezuela actual  la gran cantidad de abuelas que viven separadas de sus hijos y nietos que están en otro país, y que se sienten tan solas que acuden algunas veces más de lo necesario al medico solo para que las escuche.

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¿Y los efectos psicosomáticos que viven estas pacientes ?

Definitivamente el estés puede ser causante de muchas  patologías que pueden afectar todos los ámbitos de la salud y en especial el área ginecológica.

Entre ellas tenemos la cefalea, el síndrome premenstrual, la infertilidad, la aparición o reaparición de enfermedades como el herpes genital o el virus de papiloma; enfermedades de la piel como la psoriasis o dermatitis crónica. Los trastornos digestivos como las gastritis y el colon irritable, la hipertensión y las alteraciones en el metabolismo de la glucosa también tienen que ver con el estrés, así como los trastornos depresivos, los ataques de pánico y la ansiedad.

Hoy escribo estas líneas un poco para que todas aquellas mujeres, eternas luchadoras como somos, entendamos y al mismo tiempo nos reconforte saber que no somos ni las primeras ni las últimas en afrontar los intringuilis de la vida y que el tiempo es es el mejor aliado para encontrar la solución a nuestros problemas.

Por último y como estrategias para afrontar el día a día, recuerda tomarte un tiempo para ti, practicar ejercicio como medicina para el cuerpo y el alma, alimentarte en forma balanceada y tomar en cuenta los síntomas que te dice tu cuerpo.

Por. Dra. Peggi Piñango