La herramienta por excelencia en mi profesión es el WOK, una suerte de sartén muy usado en la cultura gastronómica oriental y del sudeste asiático, con el cual he aprendido a cocinar de todo, al punto que no sienta que dependo de otro tipo de sartenes u ollas para trabajar. La uniformidad del calor en las distintas preparaciones le da su sello distintivo. El juego de ver las llamas en su máxima expresión es lo máximo. El acero enaltece los sabores, las texturas y le da vida propia a todos los platos.

Cocino desde la simplicidad de crear con lo básico, lo que tenga a la mano. Eso me ha dado la ventaja de poder hacer obras de arte con lo primero que me encuentre en la nevera o en la despensa. Bendición que se agradece en épocas de crisis o escasez, que logra crear lo sublime ante cualquier ingrediente que se nos presente.

Lea también: Yo amo al chocolate y el chocolate me ama a mí

cocinar con wok

foto referencial

Esta herramienta de la cocina la traslado a la vida y me hace ver todo posible, desde la sencillez de respirar y vivir, cosa que a veces algunas personas se olvidan de hacer en el trajín de este mundo occidentalizado.

Agradezco todos los días el despertarme, ver un amanecer, caminar, poder apreciar cada alimento que consumo, saludar a toda persona que se me atraviesa en el camino, ver árboles y todo lo que sea verde, es una de las cosas que más agradezco de mi día a día, me parece una bendición vivir en este país lleno de paisajes tan increíbles y llenos de magnificencia.

He aprendido a ser feliz con cualquier cosa que hago, todo lo vivo al máximo, al punto que soy feliz de viajar a cualquier sitio, siempre digo de modo jocoso, que ir a Curiepe me llena tanto como ir a Miami. Que fui sumamente dichoso con mi primer carro un Volkswagen a 4 colores, que se me vino el volante el primer día y me dejó botado hasta el día siguiente ya que juré que nunca me separaría de él. Que una buena sopa de pueblo me eleva el espíritu más allá de lo que ningún caviar ha podido lograrlo. Siento realmente que he sido agradecido con lo que tengo y lo que venga es bendición del trabajo diario que hago.

Esto no significa que sea conformista, muy por el contrario siento que siempre voy en búsqueda de más y ese mismo proceso es el que me ha dado la oportunidad de ver y apreciar desde lo más pequeño cualquier detalle. En mi trabajo con niños esa magia se conecta en el día a día y es cuando me encuentro con mi niño interior y disfruto sin miedos, sin posturas, de modo auténtico. Me han regalado la mirada de no tener pena ante nada y ser feliz con todo.

Lea también: Los cinco elementos

comida servida en wok

Foto referencial

La energía que busco y que llega a mi vida siempre se mueve en una misma dirección. Esta es la de darle una mirada positiva a cualquier situación y estar claro que todo en la vida es un momento. Los buenos los disfruto al máximo y los malos me enseñan que esto también pasará.

Tan preparado estaba con esta mirada que veo a mi país con otros ojos. Lo veo proyectado como la Venezuela que viví y sueño. Sé que todo esto será posible y con un wok puedo aportar mi granito de arena, al dar una clase para un adulto que busca una herramienta de vida, al corporativo que le regalo una inyección de energía, positivismo y con los niños, sembrar la semilla de la cocina como idioma universal que no tiene fronteras y abre puertas por doquier, agradeciendo que yo les doy una clase y ellos me dan a diario miles a mí.

Gracias Dios.

Alexander López chef Ligerito