Una semana atrás me preguntaron… “¿existe salud mental sin salud física o salud física sin salud mental?”, y desde el fondo de mi corazón respondí: No sé qué fue primero, si el huevo o la gallina.

En definitiva el bienestar o la calidad de vida en general es imposible de lograr para cualquier persona sí, no nos esforzamos en mantener saludable nuestro cuerpo y nuestra mente porque todo está interrelacionado.

En muchas de mis columnas les he hablado sobre cómo el pensamiento es transformador desde todo punto de vista y también de su poder de influencia, ya sea en mejorar o deteriorar nuestro funcionamiento orgánico y hoy, no solo voy a seguir ahondando en este aspecto, sino que además, a través de experiencias personales, les daré ejemplos de cómo nuestra manera de tratar el cuerpo, puede afectar el balance y comportamiento mental.

También voy a compartirles datos que innumerables especialistas de diversas áreas, a lo largo de éstos 19 años transitando por el camino del periodismo científico, me han comentado y que definitivamente son concluyentes para entender qué el cuidado debe ser indefectiblemente integral.

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La salud integral de otra manera NO existe…

Voy a partir de algo sencillo que siempre digo en mis programas… “somos 70% lo que comemos y 30% lo que nos ejercitamos”. Esta idea puedo desmenuzarla para ejemplificar claramente la estrecha relación mente-cuerpo. Cuando comemos muchos carbohidratos, solemos sentirnos aletargados, lentos, retenemos líquidos y en consecuencia nos sentimos pesados, es más dichas sensaciones nos pueden hacer poco reactivos en cuanto al movimiento pero si más agresivos o irritables en cuanto al temperamento.

carbohidratos

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Por tanto, esta simple experiencia cotidiana, pudiera servir para justificar y dejar claro que, hasta lo más mínimo que sucede en nuestro cuerpo, redunda en nuestro estado emocional, y viceversa.

Por ejemplo, cuando estamos tensos, nuestro corazón trabaja más rápido aunque no estemos en movimiento, y ello sin duda, influye negativamente, en nuestro estado general de salud porque nuestro sistema cardiovascular está siendo exigido, sin que haya un esfuerzo físico real que lo justifique.

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Por otra parte, este estado de tensión nerviosa, también genera una sobreproducción de cortisol, hormona que hace que el organismo libere glucosa a la sangre para enviar cantidades masivas de energía a los músculos, de esta manera todas las funciones anabólicas de recuperación, renovación y creación de tejidos se paralizan y el organismo pasa a un estado de metabolismo catabólico para resolver esa supuesta emergencia.

Esto no sería tan problemático si el estrés es puntual, ya que una vez superada la “contingencia” los niveles hormonales y los procesos fisiológicos pueden estabilizarse o normalizarse; pero lamentablemente en muchos de nosotros actualmente, por diversas razones, el estrés es permanente.

La mencionada “sensación de coyuntura instalada y cotidiana” hace que, en la mayoría, los niveles de cortisol permanezcan elevados, y al ser éste el único proveedor de glucosa del cerebro, dicha hormona tratará de conseguirla por diferentes vías, bien sea destruyendo tejidos, proteínas musculares, ácidos grasos o cerrando la entrada de glucosa a otros tejidos que normalmente la requieren.

estrés laboral

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Una de las consecuencias de esto es la pérdida de masa muscular y el descenso metabólico que a la larga puede dar lugar a la resistencia a la insulina y dicha resistencia se traduce en diabetes mellitus. Con el desorden orgánico descrito también pueden aparecer la osteoporosis y el adelgazamiento de la piel; un aumento y redistribución de la grasa corporal que concluirá en una obesidad de predominio abdominal. Además puede darse una involución del tejido linfático y una falla del sistema inmunológico, con lo que aumenta la susceptibilidad a las infecciones; un incremento de la secreción de ácido estomacal lo que nos predispone a las úlceras gastroduodenales; retención de sodio y redistribución de los fluidos corporales lo que provoca a su vez edema (inflamación generalizada) e hipertensión arterial. Se afecta también la secreción de gonadotrofinas, es decir, en los hombres disminuye la concentración de testosterona y en las mujeres, se suprime la secreción de estrógenos y progestinas, lo que provoca anovulación y amenorrea, o lo que es lo mismo, falta de ovulación y menstruación.

Ahora bien, aquí solo les mencioné el estrés como detonante, pero en dónde quedan la tristeza leve o la depresión, la ira y la desesperanza instalada? Ha pensado … ¿Cómo maltratan mi cuerpo esas emociones?. Qué hacer con el cansancio crónico por no poder parar ni un minuto del día? ¿Cómo “golpeo” mi cuerpo si no reposo física y mentalmente?

Han notado cuando están enfermos físicamente, cómo sus mentes comienzan afectarse: pierden concentración por las molestias, se deprimen porque no cuenta con la vitalidad que le gustaría para atender las demandas del día a día, la forma o capacidad de asimilar los alimentos que consumen cambia, en fin tendemos a perder el balance emocional, pero esta merma a su vez empeora el cuadro orgánico o clínico de los afectados. Y aquí caemos en mi reflexión inicial,… no se sabe que fue primero, si el huevo o la gallina, es decir, si primero me “enfermé mentalmente” y esto deterioró mi cuerpo o viceversa.

Por tanto, lo que hasta el cansancio les escribo por todas las vías, “a quererse y a cuidarse, valore la vida”, es un gran regalo: descansen, hidrátese bien, coman balanceado y lo más natural posible. Ejercítense regularmente pero también hágalo mentalmente. Fortalezcan su espíritu y aliméntenlo con las maravillas que en ese sentido nos regala Dios y siempre chequeen su salud con un equipo multidisciplinario de médicos, dentro de los cuales nunca deben faltar un internista, un psiquiatra, un médico deportivo y un nutricionista.

Esta columna fue originalmente publicada en Caraota Digital 

María Laura Garcia