Si tuviera que escribir una tesis en psicología, la enfocaría en LA ENERGIA y el cómo se canaliza en nuestro día a día y todo lo que hacemos. En el tiempo mi teoría de que cualquier cosa que hagamos o quisiéramos tener, llega y se da por la energía que le demos es más fuerte e irrefutable.

Lo he probado por todos lados. Uno de mis ensayos sucede en la cocina con los niños. A ellos les he asignado tareas en las distintas miradas de los fogones. En ese momento es cuando ratifico que más allá del conocimiento y la experiencia, la energía de hacer las cosas con amor o con esa mirada pura, sin vicios y sin filtros, que lleva cualquier creación al altar donde solo llegan las obras de arte.

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Hoy les puse como receta a preparar, una torta Vasca y el resultado fue apoteósico, compañeros de mi promoción de pasteleros jamás les quedó una así, la textura, el sabor.

Los niños al prepararla reflejaban la alegría de poder mezclar los ingredientes uno por uno sin esperar una compensación económica. Sencillamente vivían el proceso de realizarla, con la certeza de conseguir una sonrisa de sus padres al venirlos a buscar al final de la clase.

Es cuando pienso que nuestros orígenes vienen limpios para comenzar a llenar de información el CPU. En manos de nuestros padres esta buena parte de la responsabilidad de llenarla y no solamente hacerlo, sino darnos material de calidad. Somos 70 % de lo que vemos y 30 % de lo que escuchamos. Solo de ver un niño determino con quien vive, quién le educa y quién le forma. En nuestras manos está la responsabilidad de hacerlo, con calidad, responsabilidad y sobre todo sentido común.

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Este relato es el claro ejemplo de la responsabilidad tan grande que tiene los padres en la información que transmiten a sus hijos en su proceso de formación: una niña A le dijo a otra B que no se metiera con una niña especial C. Esta B le contó a la madre con un drama de dicho reclamo. La madre vino al día siguiente y le reclamó de un modo muy feo y con amenaza a la niña A que defendió a la otra C. Luego le dijo al padre que educara a su hija A. La niña A en cuestión reventó en llanto, todo esto delante de la mirada de la B. La madre B no quiso hablar para aclarar tan fea actuación. Mi conclusión es la siguiente, de la cual le dejé 3 cosas positivas a la niña A para que se las llevara:

1- Los adultos resuelven sus diferencias entre ellos. La frustración de un adulto no debe afectar a un niño. En pocas palabras, un niño jamás tendrá ese nivel de comportamiento.

2- Le comenté que su papá se comportó como todo un caballero al no levantarle la voz a esa señora y no faltarle el respeto.

3- Por último, qué le deja esa madre a su hija con ese comportamiento y qué ejemplo está dando a los demás niños.

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En ese momento le pedí que cerrara sus ojos y se quedara con una imagen, la de su papá como todo un caballero ante tal incidente. Al salir del local acompañándola le dije que sonriera para que no se le corriera el maquillaje. Su energía cambió y es en ese cambio donde debemos reflejarnos los adultos.

Todos tenemos nuestros días y con una sonrisa cualquier situación se puede arreglar o por lo menos las cargas aliviar. En ese 70 % de lo que ven nuestros hijos se construye el mundo. Tú decides qué le muestras.

Gracias Dios.

Alexander López chef Ligerito