Durante los primeros años de vida de todo niño es normal que estos se enfermen. Puesto que están desarrollando su sistema inmune, son más vulnerables a sufrir de malestares.

Sin embargo, según las estadísticas, entre el tres y el cinco por ciento de los niños entre los 6 meses y 5 años tiende a sufrir episodios de convulsión generados por la fiebre.

Así lo aseveró la neuropediatra María Elena Ravelo, quien explicó cómo se clasifican las convulsiones, cuáles son las causas y síntomas, y cómo manejar su aparición para evitar consecuencias de gravedad en los infantes.

Trastornos convulsivos

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Tipo de convulsiones

La Dra. Ravelo indicó que entre las más comunes se encuentran las convulsiones febriles, que son contracciones abruptas que pueden ser de diferentes tipos.

La especialista señaló que algunas aparecen cuando la fiebre sobrepasa los 38C° y cuando los niños tienen predisposición a convulsionar y a desarrollar este tipo de episodios.

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También explicó que por definición, se establece este evento entre los 6 meses y 5 años. Sin embargo, entre el primer año y el tercero la recurrencia de un episodio febril es mayor, por lo que considera importante, que los padres sepan cómo manejar la situación.

Cómo abordarlo

La especialista precisó que luego del abordaje y diagnóstico se debe aplicar un tratamiento de tipo intermitente o permanente, siempre y cuando el sistema nervioso central no este afectado.

Asimismo, manifestó que si las convulsiones son simples, el tratamiento debe ser de tipo intermitente, dando Diazepam durante las primera 24-48 horas, ya que el mismo minimiza el riesgo que ocurra nuevamente el evento.

Solamente se debe dar el medicamento recetado por el médico tratante. NO es prudente medicar sin autorización médica  a los niños con convulsiones febriles.

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Y en caso que las convulsiones sean más fuertes, es indispensable recurrir al tratamiento de tipo permanente. En esta oportunidad el infante queda bajo el control del especialista, recibiendo Fenobarbital en conjunto con el Ácido Valpróico.

Lo más importante siempre, es evitar que la salud del niño empeore y se deteriore con el tiempo.