El placer está relacionado directamente con la capacidad de sentir que tenemos los seres humanos. De hecho nuestro cuerpo está diseñado para sentirlo, por eso existen los 5 sentidos. Este hecho pone en evidencia que es absolutamente natural sentir placer, lo que pasa es que arrastramos creencias que lo han condenado y por tanto nos hemos desconectado de él en todas sus expresiones.

Ya Epicuro, filósofo griego, nos regalaba esta hermosa definición: “El placer es la ausencia del dolor en el cuerpo y la inquietud en el alma”.

Basta con realizar una breve revisión del pensamiento de filósofos y teólogos para darnos cuenta que el cristianismo ha promovido la negación al placer sexual  (una de sus tantas expresiones) como una fórmula para contactar la espiritualidad. Decía el Papa Gregorio “el placer nunca puede ocurrir sin pecado”. Por su parte Bernardino de Siena predicaba en los sermones a las personas casadas “Cada vez que ustedes se unen de una forma que no es para la procreación es un pecado”.

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Aunado a esta herencia de creencias acerca del placer, hemos crecido en la cultura del esfuerzo que fomenta estilos de vida desequilibrados.

Con frecuencia escuchamos y repetimos: “La vida es difícil y exige muchos sacrificios” por tanto nos resulta lejano y hasta extraño considerar que Sí es posible vivir en mayor balance, desde el disfrute y ser efectivos en todos nuestros ámbitos aún en entornos desafiantes (lo cual no significa superficialmente o evadiendo la realidad).

Esta cultura del esfuerzo está inmersa en una cultura patriarcal que desprecia la emoción y lo instintivo dando voz únicamente a la razón. En este sentido, una aproximación desafiante sobre la relación del placer y las mujeres que aporta  la Dra Mireia Darder, directora del Instituto Gestalt de Barcelona (España): “Parece que reivindicar nuestra capacidad de disfrutar incluso después de haber sido despojado de los grandes corsés y viviendo de un modo completamente diferente a como lo hacían sus abuelas y las madres de sus abuelas, después de haber sufrido generación tras generación una larga historia de represión, la mujer actual, la del siglo XXI, sigue dando la espalda al placer sexual en muchos periodos de su vida, un instinto que está en ella y que rechaza o no prioriza sin siquiera ser consciente de ello. La mujer de hoy ocupa un lugar en la sociedad, pero siguen vigentes en ella los modelos femeninos de su familia, unos patrones desvinculados del placer en general y del sexual en particular”.

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Por otro lado, y según la Universidad de Harvard del 60 al 90 % de las consultas a médicos generales en el mundo occidental son por enfermedades originadas en emociones displacenteras  (ira, resentimiento, amargura, frustración).  Estas emociones “permanentes” originan que  segreguemos cortisol, el cual se acopla a la membrana de los linfocitos  y glóbulos blancos (las que nos protegen de las bacterias, virus y temores) y no los dejan funcionar, por eso aumentan las enfermedades (gripe, etc.).

Todo el contexto dado parece indicar que es urgente reconciliarnos y reconectarnos con el placer para cuidar nuestra salud, aumentar la vitalidad, expandir nuestro corazón y conciencia, aceptando que es necesario para nuestro bien-vivir, bien-estar , bien-sentir y bien-tener.

Permitamos que el encuentro con nosotros, los alimentos, el aire, el agua, el cuerpo, caminar, los aromas y sonidos sean en si mismos un acto de comunión con la vida a cada segundo del día. Desde ese espacio estar con los otros y el entorno será más fluido y liviano.

Patricia Perez