Cada quién tiene su talón de Aquiles o ese algo que le llena de complejos y lo aleja de su entorno. Ustedes se estarán preguntando: “¿Qué será a lo que se refiere específicamente María Laura?”

Bueno en mi caso, algo que me llenaba de temor desde pequeña era dar la mano o que alguien me las tocase. Si, así como lo escuchan. Yo nací con una condición especial, que me hace muy diferente la piel de la palma de las manos en comparación a la del resto del cuerpo: las tengo excesivamente ralladas y secas. Todos mis familiares paternos, hombres y mujeres, las tienen igual.

Mi madre desde que nací, se ocupó y me llevó a cuanto médico se le ocurrió, pero todos le decían lo mismo, es algo hereditario, no hay nada que hacer, sólo extremar cuidados usando cremas para mitigar este rasgo físico.

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Foto: Alejandro Córdoba

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Por supuesto, la preocupación de mi madre, me fue transmitida con numerosos y repetidos comentarios al respecto que sembraron paulatinamente en mí una inseguridad que apenas pasó hace 4 años cuando  me enfoqué en ver esto como algo normal, es decir, así como algunos nacen con los ojos de colores diferentes (uno marrón y otro verde), o pelirrojos o bajitos, entre otros; pues, yo nací así. Claro está, sigo colocándome mis cremas, haciendo los oficios de la casa cuidándome, por ejemplo,  lavo los platos con detergentes suaves o guantes, pero no concentro mis pensamientos en esta diferencia y fluyo para poder interactuar socialmente y en pareja de forma natural, sin sufrir yo solita con algo que a los demás definitivamente no les importa.

Los otros qué pueden pensar: “¿Tiene manos secas o extrañas?” Y amigos… ¿eso qué? ¿Es que acaso en cada ser humano no hay otros valores que al final importan y pueden resaltar tanto que esas imperfecciones pasen desapercibidas? Créanme, nos vivimos torturando mentalmente por numerosos complejos que no ameritan atención.

Busque ayuda si no encuentra por sí mismo esas muletas psicológicas que lo hagan desprenderse de lo que “usted considera defectos”.

La vida es muy corta y demasiado bonita, a pesar de todo, para no vivirla con fe, optimismo y sonriendo. Nuestra felicidad y plenitud está solo en nosotros, en nuestra manera de ver e interpretar el día a día. Yo apenas lo estoy asumiendo y no imaginan cómo están cambiando mis días. Hay quienes tienen TODO y son desdichados porque no han aprendido a ver la cotidianidad desde el lado positivo y siguen sobredimensionando las cosas.

Repito, busque apoyo de expertos, rodéese de gente positiva, consulte literatura que hay mucha y muy buena sobre cómo ser feliz, pero por sobre todo, hagan un gran esfuerzo por poner en práctica las recomendaciones de los que saben.

Toda limitación tiene solución total o a medias y si no es así, pues sencillamente siéntase un ser humano “diferente”, “único” y rico en muchas otras virtudes o habilidades por las cuales puede resaltar y darse a conocer.

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María Laura Garcia