Lunes 27 Marzo 2017
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Carolina Vázquez Hernández

Por. Carolina Vázquez Hernández

Cortesía

Las mamis que hemos dado lactancia materna exclusiva hemos vivido de manera crítica las “pico-crisis de crecimiento” de nuestros bebés.  Han sido días donde la duda nos ha embargado y no nos sentimos capaces de satisfacer todas las necesidades de nuestr@ hij@, han sido días de alta demanda donde bañarse o atender cualquiera de nuestras necesidades básicas ha resultado ser una labor titánica, si es que llegamos hacerlo.  Han sido días donde recurrimos a todos nuestros recursos: amigas, madres, consejeras de lactancias, médicas… buscando una respuesta que nos de paz en esa transición. Quizás, quienes vemos esto a lo lejos suspiramos diciendo, “uf, menos mal que ya salí de eso”, sin embargo hoy quiero decirles que los “picos de crecimiento “ no son sólo biológicos y de alimentación física, nuestros hij@s pasan por “picos de crecimiento emocional, psicológicos y espirituales”.

Mucho de lo que llamamos “crisis”, “rebeldía”, “adolescencia”, “conflictos”, etc… no son más que “picos de crecimiento pisco-emocionales-espirituales”.  Son períodos en donde nuestr@s hij@s nos demandan nuevas habilidades para cultivar, quizás, una nueva relación con ell@s desde su nueva realidad o sus necesidades vigentes.

Mucho de lo que afecta la calidad de relación madre-padre-hij@ es quedarnos en verles como “nuestro eterno bebé”, nuestr@ “dulce y tiern@ niñ@“ sin querer sentir el dolor del parto constante de parirlos a su madurez e independencia en cada período evolutivo.  Es el deseo de , como madres-padres, congelar una manera de amarles, sin ver que eso también se transforma.

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Cuando ell@s comienzan a diferenciarse de nosotros como madres-padres, cuando ya no desean, ni les gustan nuestras propuestas, desde las más sencillas como su ropa, hasta las más importantes, como pueden ser normas y/o hábitos, comienzan a vivirse las frustraciones de que ell@s no son como lo esperábamos, no comprendemos el por qué nos tenemos que plantar en una “lucha” para que “hagan caso” y desde allí, quizás desde los 2 años, comenzamos aprender,  o no, a como manejar sus “picos de crecimiento psicoemocionales-espirituales” y que durarán de manera marcada hasta los 21 años (y en está sociedad infantilizadora puede ser hasta los 28).

En mi afán de despatologizar al ser humano e integrar todas su dimensiones del ser, me gusta llamar a estos períodos “Hitos de madurez”.  Son periodos, vivencias necesarias para que ell@s se transformen en seres humanos interdependientes, verdaderamente autónomos a nivel emocional-espiritual, con autorregulación y responsabilidad de sus emociones y con uso pleno de su libre albedrío. Donde nazcan a su propia autoridad interior y a un poder creador-transformador sin necesitar el autoritarismo regulador de la sociedad.

Hacer una tabla de clasificación de cuáles son esos hitos por período cronológico, como lo hacen en la psicología evolutiva y el desarrollo psicomotor u otra habilidad, siento que etiqueta y restringe lo único que es cada ser.  Mucho han hablado de los ciclos de siete años (en específico para la mujeres), los de 12 años (más para los hombres) y cada cultura tiene su propia visión de ello.  Yo lo que pido es que se desarrolle una capacidad perceptiva de los padres-madres para ver a sus hij@s desde esa comprensión y no desde la patología de la “crsisis” (vista y abordada como negativa), desde “él o ella tiene un problema y hay que llevarlo al psicólogo”, desde el miedo o la angustia de que “algo esta mal”.  Sin duda alguna, son períodos desafiantes, donde (como en la lactancia materna) nos desorientamos, sentimos que no satisfacemos sus necesidades, donde dudamos de lo que hemos hecho.  Pues también nos toca crecer con ell@s y mirar hacia adentro.

Los “Hitos de Madurez”  de nuestr@s hij@s nos invitan a explorarnos como seres humanos, a preguntarnos qué nos esta moviendo nuestr@ hij@, que nos puede estar mostrando de nuestros propios procesos psicológicos incompletos o inmaduros.  Qué herramientas nos esta pidiendo que usemos como modelaje para su madurez: ¿la paciencia?, ¿La confianza?, ¿el verdadero respeto?, ¿el silencio?…  Ahora son desafíos directamente proporcionales a su tamaño, edad y capacidad de comprensión.  Te invito a ver a tu hij@ y que te preguntes ¿cuáles son los desafíos que me está planteando hoy para acompañarle en su madurez pisco-emocional, espiritual?  Como siempre, no hay recetas, no hay fórmulas mágicas, no podemos “saltar” a la siguiente fase porque ésta es muy difícil. Es necesario comprender que es un proceso que requiere tiempo y espacio, que es necesaria la “manada familiar” para darnos contención a nosotros como padres-madres. Es tiempo de sentir, ser humildes y honest@s con nosotr@s mism@s y con ell@s.  Es, quizás, también tiempo de mostrarle nuestra humanidad a ell@s y decirles que “no sé resolverlo todo, ahora nos toca junt@s aprender hacerlo”, “nos corresponde crear una nueva relación junt@s”.

Necesitamos sentir el dolor de la muerte “del niño que era” nuestro hijo y darle la bienvenida al cada vez más maduro  joven o adulto que nace.  Nuestr@s bebés quedarán en las fotos, en nuestros corazones y siempre nos arrebataran una sonrisa.  Ahora aprendemos a maravillarnos con los niñ@s, jóvenes y adultos, en constante transformación, que nos acompañan  en la intensa vivencia de ser familia: madres-padres, en el eterno espiral de la madurez.

Carolina Vázquez Hernández. Psicóloga. Psicología de la Mujer. Psicología Perinatal. Maestría en estudios de la mujer. Doula. Preparadora pre- post natal.  Fundadora-Directora de Aquamater Maternidad Consciente