Miércoles 28 Junio 2017
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Doris González

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Por psicólogo Doris González

Foto referencial

Sí. Ella nos asedia. Busca siempre hasta la más pequeña rendija para entrar. No nos da escapatoria. La culpa, ese sentimiento con sabor a amargura.

Nos creemos causantes de un daño, de muchos daños y hasta delitos que no hemos cometido.

Se corresponde con el ego, ya que sí todo ocurrió por mí, entonces soy Dios! Yo produje el evento. Todo! Soy omnipotente.

culpa
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Nos cuestionamos entre lo hecho y lo que debimos hacer.

Distinta es la RES- ponsabilidad: capacidad de RES-ponder por nuestros actos. Hacernos cargo de lo que hicimos o de lo que no tuvimos intención de hacer. Es hacerse cargo de las consecuencias de nuestras acciones.

Por estos días, aciagos para los venezolanos, siento un olor a culpa en el aire. Los que viven aquí porque hice esto o porque no. Los que están afuera, porque me fui, porque no luché, etc. Y lo peor, cuando ya no puedo con la mía, zuas! Se la zumbo a los otros.

Yo culpo, tu culpas, nosotros nos culpamos. Terrible! Poco útil.

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¿Qué hacer? Reflexión descarnada de lo que hice. ¿Se puede reparar? ¿Sí? Hágalo. ¿No? Pasó. Pase la página.  ¿Qué sí puede hacer de ahora en adelante?

A los venezolanos que están afuera, quiero compartir lo que le dijo una joven de @primerosauxiliosucv a @elgeorgeharris: sin la contribución de los venezolanos que están por fuera no tendríamos insumos. Cualquier cosa que se pida inmediatamente llega en toneladas. Gracias por eso!

Doris-González

Por María Elena Baleato Valle

desesperanza
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“Nunca me iré de tu vida, ni tú de mi corazón, aunque por otros caminos, nos lleve el destino”… Así dice el bolero compuesto por la venezolana María Luisa Escobar que lleva por nombre: “Desesperanza”; y así es la desesperanza, una suerte de resignación, de tristeza profunda, de desmotivación que impide avanzar.

El desesperanzado cree que no puede hacer nada ante la situación que vive, piensa que cuanto haga por salir de ella será inútil, y se mete en un círculo vicioso que le hace permanecer pasivo, por más dolorosos o angustiantes que sean los acontecimientos que experimenta. Está tan convencido de que no podrá cambiar las cosas que, incluso cuando muchos otros encuentran la salida, él permanece allí; como el perro de Seligman.

Martin Seligman, creador de la psicología positiva, realizó en la década de los 60 un experimento con perros a los que dirigía una pequeña descarga eléctrica. Ambos perros estaban enjaulados, pero solo uno tenía un botón de control para cortar la corriente. El que tenía ese control, permanecía enérgico; el otro, cabizbajo.

depresión desesperanza
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Con el tiempo, este psicólogo norteamericano, decidió colocarle el botón de control al otro perro; pero ya era tarde, porque el otro perro no intentaba cortar la corriente, permanecía inerte ante la situación.

Esto es lo que Seligman llamó “Desesperanza o Indefensión aprendida”; una convicción inducida por las fallas recurrentes, que hace pensar que no se puede modificar la realidad.

Vencer la desesperanza aprendida

La desesperanza aprendida puede afectar a un individuo o a un colectivo. En cualquier caso, se pueden seguir las recomendaciones de la psicólogo clínico, Doris González:

  • Pregúntese qué mensaje le trae esta emoción. Aprovéchelo para la reflexión y para conocerse más.
  • Tome conciencia de sus pensamientos y emociones. Aunque parezca obvio, muchas personas no se dan cuenta de este padecimiento y lo naturalizan, les resulta normal y lógico.
  • Haga un análisis real de la situación. Ante un estado emocional alterado, es muy frecuente maximizar las situaciones.
  • Viva el AQUÍ y el AHORA. Genera más angustia imaginarse lo que sucederá que el hecho en sí que se está viviendo.
  • Modere sus conversaciones sobre la situación o hechos que le preocupan. Hable solo lo necesario, si necesita alguna información o desahogarse. No se haga eco de suposiciones, no se vuelva monotemático, busque temas de interés, agradables.
  • Evite las personas tóxicas: esas que todo lo saben, de todo se enteran, que s in darse cuenta viven diciendo: lo que viene es peor…
  • Mantenga una actitud de gratitud: enfóquese en lo que sí tiene, haga su lista de cosas buenas, le sorprenderá la longitud.
  • Observe a personas y naciones que han pasado por situaciones similares y que lograron salir adelante. Incluso piense en alguna situación muy difícil de la cual usted ya salió airoso, si pudo con aquella con esta también lo logrará.
  • Afínquese en sus afectos, sus amigos, su familia.
  • Ríase varias veces al día. El humor es meditación activa, es imposible reír y pensar.
  • Revise sus creencias religiosas. Aférrese a ellas y respete las ajenas.

Finalmente, recuerde que todo contiene su opuesto: y el de la desesperanza es… la esperanza.

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MARÍA LAURA GARCÍA

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