Domingo 28 Mayo 2017
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Por MEB - Equipo de redacción A tu Salud

mover las piernas
Foto cortesía de Mayo Clinic

Los investigadores de Mayo Clinic emplearon estimulación eléctrica sobre la médula espinal e intensa fisioterapia para ayudar a un hombre a voluntariamente mover sus piernas paralizadas, ponerse de pie y hacer movimientos similares a pasos por primera vez en tres años.

Este caso es el resultado de una colaboración con los investigadores de la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA, por sus siglas en inglés) y se publicó en Mayo Clinic Proceedings. Los investigadores dicen que estos resultados aportan más pruebas respecto a que combinar esta tecnología con la rehabilitación puede ayudar a los pacientes con lesiones en la médula espinal a recuperar el control de movimientos que antes estaban paralizados, como aquellos similares a dar pasos, controlar el equilibrio y ponerse de pie.

“Estamos realmente emocionados porque los resultados superaron las expectativas. Aunque estos resultados sean iniciales, el paciente continúa progresando”, comenta el neurocirujano Dr. Kendall Lee, investigador principal y director del Laboratorio para Ingeniería Neural de Mayo Clinic.

sede de Mayo Clinic
Foto cortesía de Mayo Clinic

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El caso

El paciente de 26 años se lesionó la médula espinal en la sexta vértebra torácica, o sea en la mitad de la espalda, hace 3 años. Se le diagnosticó con lesión motora total de la médula espinal, lo que significa que no podía mover ni sentir nada desde la mitad del torso.

El estudio empezó con 22 semanas de fisioterapia para el paciente, compuestas por tres sesiones de entrenamiento por semana para preparar los músculos a fin de intentar hacer cosas durante la estimulación de la médula espinal. Se hicieron pruebas con regularidad para ver los cambios. Algunos resultados llevaron a que los investigadores calificaran más a fondo a la lesión y la llamaran incompleta, lo que sugería la posibilidad de que quedasen conexiones durmientes.

Después de la fisioterapia, se operó al paciente para implantarle un electrodo en el espacio epidural cerca de la médula espinal, por debajo del área lesionada. El electrodo está conectado a un dispositivo que es controlado por un computador y está bajo la piel del abdomen del paciente. Mayo Clinic recibió autorización de la Administración de Alimentos y Medicamentos de Estados Unidos para el uso alterno de este dispositivo que envía corriente eléctrica a la médula espinal a fin de permitir al paciente producir movimientos.

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El post operatorio

Después de un período de recuperación de la cirugía de tres semanas, el paciente reanudó la fisioterapia y se ajustaron las configuraciones de la estimulación para permitirle movimientos. En los primeras dos semanas, el paciente voluntariamente pudo hacer lo siguiente:

  • Controlar los músculos mientras estaba recostado de lado, lo que derivó en movimientos de las piernas.
  • Hacer movimientos parecidos a pasos, tanto recostado de lado como en la posición de pie con ayuda.
  • Sostenerse de pie por sí solo, sujetado de las barras con los brazos para equilibrarse.

Hacer un movimiento voluntario o intencionado significa que el cerebro del paciente envía una señal a las neuronas motoras de la médula espinal para que muevan las piernas deliberadamente.

“Eso realmente marcó el paso de la rehabilitación posquirúrgica, porque se intentó utilizar la función recuperada por el paciente para impulsar aún más la recuperación de las capacidades”, dice la Dra. Kristin Zhao (doctora en investigación), otra investigadora principal y directora del Laboratorio de Tecnología de Asistencia y Restablecimiento de Mayo Clinic.

Los datos plantean que las personas con lesiones incompletas de la médula espinal podrían ser aptas para la terapia de estimulación epidural. No obstante, es necesario investigar más acerca de cómo contribuye una lesión incompleta a la recuperación de las funciones.

 

Los artículos están disponibles en la red electrónica en mayoclinicproceedings

Si desea más información, visite mayoclinic

Equipo de Redacción A Tu Salud

Jane Karla Gögel siendo un bebé gateó más tiempo del normal. También, cuando se paraba para dar un paso, era habitual verla caer al piso. Tras varios análisis médicos, a los tres años de edad, le diagnosticaron poliomielitis.

Treinta y siete años después, y en una silla de ruedas, la brasileña cuenta que su trasegar no ha sido fácil, y más por el cáncer de seno que sufrió en 2010; aunque refiere con alegría, que la discapacidad está en la mente y mientras haya aspiración de salir adelante, las barreras se pueden superar y los sueños cumplir.

Así lo contó al portal elcolombiano.com

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Comenzó su carrera deportiva en la disciplina de tenis de mesa,  donde cosechó los más altos logros; llegando a ser la tercera en el ranking mundial de este deporte paralímpico y bicampenona panamericana.

Pero en 2010,  Jane debió enfrentarse a otra batalla: Un cáncer de seno. Aún colocándose quimioterapia, la llamada  “Rainha das Américas”, completó el Circuito Mundial en Río.

El tenis de mesa me hizo seguir adelante, me ayudó mucho, me hizo sentir viva de nuevo, recordó la atleta en una entrevista para el portal Panamericano.ig

Foto. ©Daniel Zappe/MPIX/CPB
Foto. ©Daniel Zappe/MPIX/CPB

La bicampeona continental en tenis de mesa, decidió en 2014 cambiar toda su carrera y emprender una nueva disciplina. Los dolores en las piernas le impedían seguir compitiendo como tenimesista, más su espíritu deportivo la llevó al tiro con arco, el cual practica en silla de ruedas.

Desde 2015, en este nuevo deporte, ha cosechado innumerables triunfos. Recientemente tuvo el honor de llevar la antorcha de los Juegos Olímpicos de Río, certamen en el que estará por tercera vez.

Además, fue la única deportista paralímpica entre 300 atletas convencionales compitiendo en la Copa Mundo de tiro con arco, en la que fue medallista de oro junto con los Parapanamericanos de Toronto, ese mismo año.

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“Confieso que fue difícil dejar ese deporte, pero no podía abandonar a mi familia. Estuve varios días sin practicar ninguna disciplina, hasta que vi los privilegios del tiro con arco. Desde que cogí un arco encontré tranquilidad y equilibrio mental y físico. Fue amor a primera vista”.

Felizmente casada, con dos hijos pequeños, su gran mensaje es que “Los obstáculos se pueden romper solo con una mente fuerte”.

Fuente: elcolombiano

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Equipo de Redacción A Tu Salud

médicos del Instituto de Salud del Niño San Borja (INSN SB) indican que hay señales a nivel cutáneo que los padres de familia pueden identificar apenas nacen sus hijos y que podrían alertar sobre una posible malformación de la columna vertebral y médula espinal.

Fredy Osorio, jefe de la Sub Unidad de Neurocirugía de la citada institución, indicó que algunos signos que pueden alertar sobre esta patología son:

  • Penachos de pelo en la parte baja de la espalda
  • Asimetrías en la parte alta de los glúteos que puede ser por una tumoración o los surcos asimétricos
  • Presencia de hoyos, orificios
  • Manchas de color rojizo.

Estas patologías pueden ir acompañados de dolor y debilidad en miembros inferiores, alteraciones urinarias como incontinencia o intestinales, deformidades a nivel de las caderas y los pies.

La espina bífida ocurre entre los días 21 y 28 del primer mes de embarazo y es motivado a una falla en el desarrollo de la médula espinal y de los huesos que la rodean (las vértebras) dejando un espacio abierto en la espina.

En algunos casos causa que la médula espinal y las raíces nerviosas queden expuestas a nivel de la piel, lo que se denomina espina bífida abierta, la más severa es la mielomeningocele. Cuando están cubiertas de piel se llama espina bífida cerrada.

La médula anclada se observa comúnmente en los pacientes con espina bífida. Se caracteriza por la implantación baja del cono medular, lo que impide que la médula espinal cumpla sus funciones. A medida que el niño va creciendo la médula espinal se estira aún más produciendo lesiones en la misma, lo que produce dolor y hasta dificultades de movimiento en miembros inferiores.

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Fuente: Andina

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Las personas con picor crónico que pueda estar originado por circunstancias tan dispares como un eczema, la neuropatía diabética, esclerosis múltiple y ciertos tipos de cánceres, pueden por fin poseer un esclarecimiento a algo que les amarga la vida. Investigadores del Instituto Salk (EE.UU.) han descubierto que hay en nuestro organismo una vía neural exclusivamente diseñada para transferir la sensación de comezón. Y, cuando dicho canal está alterado, causa picazón crónica.

La investigación, que se publica en «Science», no solo brinda información muy valiosa sobre los mecanismos potenciales del picor crónico, sino que igualmente logra ayudar a revelar por qué algunas personas afectadas por picor no responden a los antihistamínicos, fármacos que regularmente se usan para tratar estas situaciones.

Sorprendentemente, explican los científicos, las neuronas de la médula que participan en la sensación de hormigueo originado por un ligero toque son distintas a las que transmiten el dolor o una picazón “química” incitada por una picadura de mosquito o una herida en la piel que se está curando. «Este es el primer estudio que revela la presencia de una vía neural dedicada para esta particular sensación en la médula espinal», expone Martyn Goulding. La sobreactivación de esta vía, que muy posiblemente se desarrolló para descubrir la presencia de insectos portadores de enfermedades en la piel, ocasiona en un incremento en las ganas de rascarse, análogo a la observada en los pacientes que desarrollan picor crónico.

Se sabe que la médula espinal posee una variedad de neuronas llamada interneuronas comisionadas de procesar y retransmitir la información sensorial del cuerpo, incluyendo la piel. Ahora, los científicos han visto que algunos de estos “intermediarios” expresan una pequeña proteína llamada neuropéptido Y (NPY). Dicho neurotransmisor está presente en todo el cerebro y posee diferentes funciones, pero hasta ahora, nadie sabía lo que las neuronas NPY hacían en la médula espinal.

Este es el primer estudio que revela la presencia de una vía neural consagrada para esta particular sensación en la médula espinal.

El reciente estudio, del equipo de Goulding, en colaboración con investigadores del Instituto del Cáncer Dana-Farber, descartó selectivamente las neuronas NPY en la médula espinal de ratones adultos. Pasada una semana de la eliminación de esas interneuronas inhibitorias de la médula espinal, los ratones manifestaron unas ganas excesivas de rascarse en respuesta al tacto suave, pero ningún efecto en cuanto a su respuesta al picor o al dolor inducido químicamente.

«Esta fue una de las cosas más sorprendentes que encontramos», afirma el co-autor principal Steeve Bourane. El grupo observó comportamientos similares cuando manejaron una estrategia genética química para silenciar la expresión de NPY en las interneuronas que les frenaba comunicarse con las neuronas que transmiten esta forma de picor.

Fuente: ABC.es

MARÍA LAURA GARCÍA

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