Por: Yakary Prado


Investigadores de la University College de Gran Bretaña establecieron que mirar un acontecimiento potencialmente doloroso para el cuerpo humano, como puede ser el suministro de calor o someterse a una inyección, puede reducir el dolor en las personas.

Los científicos llegaron a esa conclusión tras aplicar calor a las manos de 18 voluntarios, aumentando gradualmente la temperatura. Cuando los participantes empezaron a sentir dolor, la sonda calorosa fue retirada y se midió la temperatura.

En el experimento, fueron utilizados espejos para manipular lo que los voluntarios veían. El hallazgo que sorprendió a los investigadores, y que fue publicado en la revista científica Psychological Science, es que las personas pudieron aguantar 3ºC más de calor al ver lo que estaba pasando en sus manos, que cuando no podían apreciarlo por tenerlas ocultas en un bloque de madera.

Para indagar aún más en cómo el cerebro procesa el dolor, los investigadores emplearon espejos con aumento para que se vieran más grandes las manos de los participantes. Cuando esto ocurría, los voluntarios eran capaces también de tolerar temperaturas más altas. Lo contrario pasaba cuando las manos se veían más pequeñas con otro tipo de espejos.

Cuando el dolor es enfermedad

Estas nuevas aproximaciones al procesamiento del dolor en el cerebro podrían ayudar al desarrollo de nuevas terapias, que favorezcan sobre todo a quienes padecen de dolores crónicos.
La Organización Mundial de la Salud define al dolor como una experiencia sensorial “emocional desagradable, asociada a lesión tisular real o potencial o a la consecuencia de esa lesión”.

Existen dolores que le avisan al cuerpo que algo anda mal, como el agudo, que sentimos tras lesionarnos, golpearnos o cuando algún órgano interno sufre algún tipo de alteración. En cambio, el dolor crónico, surge por cambios en las uniones de las neuronas, puede persistir más de seis meses y no responder a las terapias analgésicas convencionales. Este suele ser común en patologías como el cáncer, el dolor neuropático causado por la diabetes o por enfermedades musculoesqueléticas como la artritis y la fibromialgia.

Una encuesta elaborada en el año 2009 por la Sociedad Española del Dolor determinó que la prevalencia del dolor crónico es de 80%, es decir, 8 de cada 10 pacientes lo sufren.

Los dolores crónicos más comunes son en la espalda, cabeza y las rodillas. Dependiendo de su intensidad, puede limitar severamente la calidad de vida de la persona que lo experimenta y derivar en cuadros de insomnio, depresión y ausentismo laboral.
 

Comenta y se parte de nuestra comunidad