Yakary Prado

El consumo de grasas trans y saturadas no sólo amenaza al corazón y nos predispone al desarrollo de patologías cardiovasculares y problemas metabólicos. Una investigación de las Universidades de Navarra
y las Palmas de Gran Canaria (España)
estableció que estas grasas vegetales tratadas industrialmente para que duren más, aumentan también el riesgo de sufrir de depresión.

En el estudio, publicado en la revista PLoS One, se siguió durante seis años a 12.059 voluntarios, de quienes se analizaron su dieta, estilo de vida y enfermedades que sufrían tanto al comienzo como al final del estudio. Aunque preliminarmente ninguno había sufrido depresión, al culminar el estudio se detectaron 657 nuevos casos.

Entre ese grupo, se comprobó que aquellos con un elevado consumo de grasas tipo trans –usadas para producir pasteles, galletas, pan y en la preparación de comidas rápidas- reflejaron un aumento del riesgo de depresión de hasta 48% cuando se les comparó con participantes que no las consumían.

Lo que más llamó la atención de los investigadores es que la ingesta de grasas trans en los afectados con depresión tan sólo suponía un 0,4% de la energía total ingerida por los voluntarios. Aún así, el riesgo de depresión fue cercano al 50%. Nada más en países como Estados Unidos, el porcentaje de la energía procedente de estos alimentos ronda el 2,5%

Pero no sólo se identificó lo pernicioso que resulta para el cuerpo un elevado consumo de estas grasas trans que bajan en el colesterol bueno y aumentan el malo (el que se adhiere a las arterias hasta endurecerlas y taparlas) En sentido contrario, y al analizarse en la misma investigación la influencia de las grasas poliinsaturadas –que abundan en los pescados y aceites como el de oliva- se constató también que el riesgo de depresión se reducía.

Esto sugiere que la adopción de una dieta en la que prevalezaca un mayor consumo de vitaminas del grupo B y de ácido fólico (presente en productos de origen vegetal, como frutas, verduras y legumbres) tiene un efecto protector, además de contra dolencias cardiovasculares, contra la depresión.

La Organización Mundial de la Salud estima que para el año 2020, la depresión será la primera causa de incapacidad, por encima de las enfermedades cardiovasculares.

Aunado a los factores de riesgo conocidos para desarrollar la enfermedad, entre los que se encuentran la herencia, problemas en los neurotransmisores, depresión por enfermedades asociadas al sistema nervioso central y factores psicosociales como acontecimiento vitales (muertes, separación, divorcio, pérdidas económicas y laborales) cada vez es más una certeza que la reducción en la ingesta de verduras y pescados, y por otra parte, el aumento en el consumo de comida rápida y grasas no saludables, está sumando puntos para que se eleve la epidemia “depresiva” en todo el mundo.
 

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