El lavado de manos constante y el cumplimiento de las normas higiénicas adecuadas reducen el riesgo de contraer infecciones y, por tanto, la necesidad de usar antibióticos/Mariel Cabrujas M.

Las bacterias consiguen sobrevivir en todos los ambientes y condiciones. Su capacidad de resistir aún a sustancias ideadas para inhibir su desarrollo y hacerse más fuertes frente a ellas, ha desencadenado una lucha entre los científicos y los microbios para intentar detener su crecimiento y proliferación.

Es evidente que las bacterias han dado un paso adelante en esta batalla, pues logran evadir los efectos de los productos creados por el hombre para tratar de controlarlas.

Ante este panorama, la estrategia debe basarse en prevenir la aparición de infecciones. Muchos de estos microbios pueden trasmitirse a través de la saliva, las heces contaminadas, el agua o alimentos mal lavados, por lo que la rigidez en el cumplimiento de normas de higiene debe ser una tarea que se imparte desde el hogar hasta en los centros de salud.
Una manera fácil de contener la trasmisión de estos problemas de salud es el lavado de las manos antes de comer, después de ir al baño y ante cualquier situación que las ensucie.

La misma regla debe ser aplicada en los centros de salud. Antes y después de atender a cada paciente, los médicos y enfermeras tienen que lavar sus manos. Lorena de Abadía, microbióloga invitada como ponente al Primer Foro Latinoamericano de Expertos en Resistencia Bacteriana, asegura que la solución de glicerina con alcohol para friccionar las manos durante 30 segundos es un requisito fundamental a usar por todo el personal de salud al recibir a un nuevo paciente.

Las corbatas, las uñas largas o pintadas y los anillos usados por los galenos sirven de nidos para las bacterias. “Cuando las corbatas tienen contacto con la camilla del paciente, los microbios se alojan en ellas y pasan a otra camilla de la misma manera”, explicó Carlos Mejía, Jefe de la Unidad de Enfermedades Infecciosas del Hospital Roosevelt de Guatemala, también invitado al Foro realizado en la Isla de Margarita.

El especialista insiste en que se le debe exigir al médico lavarse las manos antes de comenzar la consulta, así como después de tener contacto con los objetos del entorno como la camilla, de hacer el examen y de ejecutar cualquier
procedimiento.

Estas medidas reducirán considerablemente el riesgo de infecciones y a su vez la posibilidad de que las bacterias se hagan resistentes a los medicamentos por estar bajo los efectos de las sustancias antibióticas.

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