Mariel Cabrujas M.

Silvia Ramírez fue diagnosticada con resistencia a la insulina hace cuatro años, cuando sumaba 21 primaveras a su vida. La palabra condición pre- diabética la paralizó en el acto, pues la diabetes tipo 2 era una enfermedad conocida en su familia.

“Tenía muy malos hábitos alimenticios. Comía a deshora y siempre apurada muchas harinas, frituras, chucherías y además no hacía ningún tipo de actividad física”, comenta Ramírez, quien recuerda que en el momento se negó a cambiar radicalmente sus patrones de alimentación. Irlo haciendo poco a poco pasó por comprender la importancia de cerrarle el camino a la enfermedad que había sufrido su abuela paterna.

La resistencia a la insulina por lo general no manifiesta síntomas aparentes. Por ello no es fácil de detectar, a menos que se indiquen los exámenes de sangre pertinentes. “No siempre las personas se realizan estas pruebas de laboratorio, porque el médico no los ordena para conocer el comportamiento de la insulina, sin que se tenga ya un problema de salud”, aclara el médico internista, Rodolfo Catanho.

Esta condición se produce cuando el páncreas produce insulina en exceso o la hormona no puede cumplir con su función de regular la cantidad de azúcar en la sangre. No diagnosticarla temprano le hace más fácil el camino a la diabetes tipo 2, que sigue anidándose en el organismo hasta por más de 10 años.

Consumir alimentos ricos en fibra, tener a las carnes del pescado en buena estima, reducir a lo mínimo la ingesta de carbohidratos simples (chucherías, bebidas gaseosas y azúcares) y preferir ante ellos a los carbohidratos complejos (algunas legumbres, frutas, verduras y cereales) son normas para evitar la falla en el desempeño de la insulina y prevenir la aparición de su resistencia. Asimismo, no desestimar el poder protector de la actividad física interdiaria y mantener una vida tranquila sin sobresaltos anímicos pueden colaborar con la causa.

Ante el diagnóstico, manos a la salud

Los chequeos médicos anuales son necesarios para diagnosticar a tiempo cualquier problema de salud. No tener ningún dolor no es excusa para dejar de hacerlo, más cuando se sabe que enfermedades como la resistencia a la insulina pueden actuar de manera silenciosa.

Al conocer la condición pre- diabética es necesario tratarla y cambiar el estilo de vida. Consultar con un nutricionista es una solución adecuada, debido a que el especialista sabrá cuál plan alimenticio conviene más, según las condiciones particulares de cada quien.

Catanho explica que lo importante en el nuevo régimen de comidas es no sólo disminuir las calorías, sino consumir alimentos con calidad nutricional. “El omega 3 del pescado y la fibra de la yuca son indispensables en la dieta de quienes sean diagnosticados”, dice el internista.

Es importante respetar el horario de las tres comidas e incluso realizar al menos una merienda en la tarde, para evitar que la enfermedad gane terreno.

Alimento para el cerebro

A pesar de que el azúcar y los carbohidratos deben estar regulados en las comidas de los pacientes con resistencia a la insulina, es importante recordar que execrar a estos alimentos por completo puede traerle problemas al cerebro.

Este órgano motor se alimenta de la energía que le proporciona la glucosa y es incapaz de almacenarla, por lo que debe recibirla cada cierto tiempo. Sin esta energía, el cerebro no podría enviar eficazmente mensajes a las neuronas.

Catanho señala que la ausencia de esta sustancia puede provocar mareos, dolores de cabeza o pesadillas y que en la noche es necesario consumir una mínima porción de carbohidratos, pues es en este horario ocurre el proceso de regeneración en todos los órganos.

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