ATS Web (con información de SD)
 
Como una nueva razón para fomentar los entrenamientos físicos, investigadores de la Universidad de McMaster, Canadá, han descubierto que el ejercicio tiene una influencia neurálgica en el proceso de conversión de determinados tipos de células madre en hueso, en lugar de grasa, mejorando la salud general y aumentando la capacidad del cuerpo para producir sangre.

La probabilidad de que ese tipo específico de células madre, denominadas mesenquimales, acaben convirtiéndose en grasa o hueso, dependerán del camino que acaben siguiendo.

A través de un experimento en el que se usaron ratones que fueron entrenados en una cinta de acondicionamiento físico, el equipo de trabajo dirigido por el investigador Gianni Parise, del Departamento de Kinesiología de la Universidad de McMaster, demostró que el ejercicio aeróbico activa esas células para convertirse en hueso con mayor frecuencia que en grasa.

Además, los ratones que se ejercitaban corriendo menos de una hora, tres veces por semana, mostraron un impacto significativo en su producción de sangre. Mientras que las mismas células madre de los ratones sedentarios, mostraron una mayor propensión a convertirse en grasa, perjudicando la producción de sangre, menoscabando con eso la médula de los huesos.

La investigación, que aparece en un artículo publicado recientemente por el Diario de la Federación de Sociedades Americanas de Biología Experimental, fue recibida como una nueva evidencia de que los programas de ejercicio moderado constituyen un potente estímulo para provocar un cambio en las células madre mesenquimales, que aumente significativamente las células sanguíneas en la médula ósea y en la circulación.

Todo esto, porque la composición de las células en la cavidad de la médula ósea tiene una influencia importante sobre la productividad de las células madre de la sangre. Las células óseas mejoran las condiciones para que las células madre de la sangre produzcan sangre.

Asimismo, en condiciones ideales, las células madre de la sangre crean sangre saludable que estimula al sistema inmunológico, permitiendo la absorción eficiente del oxígeno y una mejoría en la capacidad de coagulación de las heridas.

Pero cuando las células de grasa empiezan a llenar la cavidad de la médula ósea – un síntoma común en la conducta sedentaria – las células madre de la sangre se vuelven menos productivas, favoreciendo el desarrollo de anemias.

Para el autor del estudio, Gianni Parise, estos resultados sugieren un camino a futuro para el desarrollo de tratamientos nuevos, no medicinales, relacionados con trastornos de la sangre, ya que algunos de estos efectos del ejercicio son comparables a lo que la intervención farmacéutica plantea.

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