Según la sexología, el deseo es el paso previo a la excitación que da lugar a la respuesta sexual. El deseo no responde a ninguna regla y no hay secretos para despertarlo. En muchos casos aparece lo que técnicamente se conoce como Deseo Sexual Inhibido (ISD), un trastorno muy común en la actualidad por los niveles de estrés que conlleva la vida moderna, y que podría estar afectando a todos sin discriminar género ni edad.

En la mayoría de los casos el deseo se ve disminuido por la falta placer, lo esquiva la concreción del acto sexual. La situación se torna difícil de comunicar a la pareja, pues se teme que hiera sus sentimientos. Con frecuencia los hombres llegan a la consulta de un especialista  alegando que “no tienen ganas” y ahondando en esta expresión, se descubre que en realidad creen que “no pueden”, porque en muchos casos tienen dificultades en la erección, que pueden deberse a factores tanto físicos como emocionales.

En la mujer, el deseo sexual está vinculado más bien a las ganas de compartir un momento romántico, de sentirse amada, gustada y besada. El hombre puede desear simplemente al ver a la mujer que le atrae, porque su sexualidad es centrífuga, empieza en los genitales y luego se va expandiendo, en cambio, las mujeres son centrípetas, el deseo sexual se genera en el entorno alimentado por los sentidos, para luego conseguir la excitación, por eso a ellas las caricias le resultan más placenteras cuando ya se encuentran en un clima de excitación. La verdad es que la conducta sexual se aprende y progresivamente se perfecciona a medida de que la pareja comienza a entenderse mejor y a hablar sin inhibiciones.

Los conflictos que más generan bajas en el deseo sexual son la falta de dinero, problemas laborales, estar en el último trimestre del embarazo, rutina sexual invariable, ingestión de antidepresivos, psicofármacos, betabloqueantes o antiandrógenos.

No se trata de medir la cantidad de encuentros, muchas parejas se imponen tener determinada cantidad de relaciones sexuales y se frustran o angustian si no llegan a cumplir la meta, obligándose inclusive a hacer el amor sin tener ganas. Es de recordar que no importa la cantidad sino la calidad –e intensidad- de las relaciones. Hay personas más sensuales, que requieren menos contacto, a las que les basta con coquetear o jugar con la sensualidad y solo con esto se satisfacen. Cada persona en particular y cada pareja, deben encontrar su propio termómetro sexual y actuar de acuerdo a él.

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