Fuente: BBC Mundo-ATS Web


En la actualidad, el azúcar se ha convertido en el foco central de nuestra dieta, y está incluida desde los postres hasta en el pan. Se ha vuelto un rubro tan común, que es difícil de creer que hace mucho tiempo estaba ausente en la alimentación.
 

La caña de azúcar fue descubierta alrededor del Siglo VIII a.C en el Pacífico Sur. Durante siglos fue tomada como un símbolo de estatus, y por ende demasiado costosa para consumirla en grandes cantidades.
 

La producción a gran escala comenzó  en el Siglo XVII por el Reino Unido, cuando Colonos en la isla de Barbados descubrieron que la caña crecía en el suelo pedregoso de la isla, sustituyendo al tabaco y al algodón. La explotación azucarera significó la esclavitud de millones de africanos, y la muerte de su mayoría en los procesos de cultivo y refinación.
 

Actualmente, se consumen unos 165 millones de toneladas de azúcar por año, lo que significa un promedio de 23 kilos por persona. La zona del mundo que más consume azúcar es el Lejano Oriente. América Latina se ubica en el quinto lugar en esta lista.
 

"Si te fijas en la dieta de la clase trabajadora a principios del Siglo XIX, verás papas, pan, queso y mantequilla si tienes suerte, quizás un poco de grasa de tocineta", refiere la historiadora Annie Gray. Al final del siglo se incluía la mermelada y el pastel.
 

Tan adictos eran los británicos a este nuevo sabor, que a principios del Siglo XIX consumían unos 5 kilos de azúcar por persona al año, y ya al final de siglo la cifra había subido a unos 21 kilos.
 

"Gran parte del contenido calórico de los pobres en el Siglo XIX provenía del azúcar, y el problema con eso es que podrían haberlo obtenido de otras fuentes que también contuvieran nutrientes. La malnutrición de la época era terrible", precisa Gray.
 

Asimismo, se vieron incrementadas las caries, obesidad, tensión alta, y otras enfermedades asociadas al consumo excesivo de azúcares refinados.
 

"La gente puede sacar algo de azúcar de su dieta y poco a poco llegar a un punto en el que comen menos dulce, pero seguir disfrutando lo que comen. En cierta forma estarían reprogramando su paladar", afirma el profesor Naveed Sattar, de la Escuela de Medicina de la Universidad de Glasgow.
 

Romper con la mala costumbre que llevamos arrastrando durante siglos, de sobresaturar a nuestro paladar de dulce, puede tardar unos dos meses pero es posible.

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