Por: Kenelma García


Leah E. Cahill, Ph.D., director del estudio publicado en la revista Circulation (el boletín oficial de la Asociación Americana del Corazón), asegura que saltarse el desayuno puede conducir a uno o más factores de riesgo, como la obesidad, presión arterial, colesterol alto y diabetes, que a su vez se puede traducir como un ataque al corazón en el tiempo.
 
En su estudio demuestra que desayunar está asociado con un riesgo menor de sufrir ataques cardíacos. Incorporar alimentos saludables en el desayuno es una manera de asegurar que se obtendrá la energía adecuada, y un equilibrio de nutrientes como proteínas carbohidratos, vitaminas y minerales. 
 
Anteriormente, se han realizado ensayos para comprobar la relación entre el desayuno y enfermedades cardiovasculares, Julián Villacastín, jefe de la Unidad de Arritmias y Director del Instituto Cardiovascular del Hospital Clínica San Carlos de Madrid, señala que lo que han reflejado la mayoría de estos ensayos “es que los adolescentes que no desayunan tendrán peor perfil cardiovascular, más colesterol dañino y mayor cantidad de grasa abdominal”, lo que se resume en más riesgo de sufrir enfermedades cardiovasculares. 
 
En los adultos aún falta evidencia científica que revele los efectos del ayuno. Para poder descubrir las consecuencias en adultos, investigadores de la Escuela de Salud Pública de la Universidad de Harvard, analizaron los datos de encuestas realizadas a hombres de 45 a 82 años de edad; observaron que, en comparación con los hombres que sí desayunaban, los que no lo hacían tenían 27 % más de riesgo de sufrir enfermedades coronarias.
 
Tomando en cuenta los resultados, los expertos concluyen que no es lo mismo saltarse el desayuno que cualquier otra comida del día, ya que “a primera hora de la mañana empieza a liberarse la adrenalina, aumenta la producción de insulina y se activa el metabolismo”, explica el cardiólogo Villacastín, entonces ante la falta de nutrientes, el organismo consigue la energía a través de otros mecanismos que son más perjudiciales para la salud cardiovascular. 
 
Según el estudio hay rasgos que determinan el perfil de quienes tienden a obviar la comida más importante del día; 11% de la población estudiada que no desayunaba coincidían en que eran más jóvenes, fumaban más, trabajaban a tiempo completo, eran solteros, tenían menor actividad física, bebían más alcohol, dormían menos y veían más televisión. 
 
Otro dato interesante revelado en este estudio es que comer tarde por la noche implica 55% más de riesgo de infarto que quienes cenan a la hora adecuada.
 
Aún deben comprobarse y confirmarse estos resultados el las mujeres y otros grupos étnicos, ya que la población estudiada sólo se compuso de hombres europeos. 
 
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