Por: Inés Larrea

La vejez no debe ser sinónimo de decaimiento o una vida pasiva y de resignación, al contrario a esta edad el ejercicio físico combinado con una buena alimentación son dos claves fundamentales para ser más sanos y activos.

El mantenerse activo en esta etapa de la vida trae un sinfín de beneficios, desde la protección contra la osteoporosis, ataques cardíacos y apoplejías. También fomenta la interacción con otras personas, evitando así el aislamiento, siendo este un problema que crece entre los miembros mayores de esta sociedad actual.

A esta edad, las personas deben tener un programa de ejercitamiento físico adecuado e individualizado, la razón es porque las rutinas de acondicionamiento deben estar dirigidas a trabajar las cualidades físicas aptas en esa edad.

Lo primero que se debe hacer es trabajar la resistencia, ya que es la forma de esfuerzo más importante para la persona mayor. Los ejercicios físicos de resistencia incluyen actividades de esfuerzo continuo y con intensidad moderada los cuales producen numerosos efectos beneficiosos para la salud.

Ahora bien antes de cada sesión de rutina deportiva tome en cuenta las siguientes recomendaciones:

Precalentamiento: Esta etapa es muy importante y debe ser constante sin hacer cambios bruscos, por medio de esta prepara al organismo para el siguiente paso.

El calentamiento prevé lesiones innecesarias y dolores musculares, asimismo estimula el corazón y los pulmones de forma moderada y progresiva, al mismo tiempo aumentan el flujo sanguíneo e incremente la temperatura de la sangre y de los músculos de forma gradual.

Sesión de ejercicios: Esta fase irá enfocada a conseguir los objetivos planteados, que pueden ser tanto el mantenimiento y desarrollo de las distintas capacidades físicas o para mejorar la salud.

Las actividades con una duración mínima de 20 minutos, son las más apropiadas para conseguir una mejora del sistema cardio-respiratorio.

Al finalizar: Una vez culminada la jornada de ejercicios, debe haber un enfriamiento que consiste en detener la actividad que se está realizando sin cambios bruscos, buscando con ello la estabilización de las constantes fisiológicas y psicológicas.

La duración dependerá del tiempo invertido en la sesión anterior, debiendo ocupar entre 2 y 5 minutos como mínimo.

Recuerde que hacer ejercicios de forma adecuada y regular, que incluya resistencia y fuerza, origina una respuesta favorable a su organismo.

Fuente: Saludalia.com

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