Por: Kenelma García
 
Es común presenciar que niños, desde muy temprana edad, muestren conductas agresivas. Existen varios motivos que generan esta conducta, bien sea con actitudes hostiles o con maltratos físicos. 
 
Una de las causas que indica el psicólogo clínico Jaime Medina, puede ser el temperamento. Este puede venir dado por las mismas características de personalidad del ser, de hecho puede haber predisposición genética a esta conducta; sin embargo, la educación y experiencias que el niño vive a lo largo de su existencia moldean este patrón de conducta, bien sea para hacerlo más agresivo o que disminuya estos rasgos.
 
También existe una causa social. Está demostrado que los niños que suelen ser más agresivos son aquellos quienes han padecido alguna ruptura, esta puede venir dada por el fallecimiento de alguno de los progenitores, el divorcio, que alguno de sus padres viaje con mucha frecuencia o cualquier otro motivo de separación. 
 
Además, los niños que sufren de privación afectiva probablemente tengan conductas agresivas. Esta privación de afecto puede venir desde casa, de sus padres, de sus maestros o de alguna persona que esté en su entorno cercano. 
 
Sin embargo, en el caso contrario, en niños que son sobreprotegidos, también se pueden generar conductas agresivas. El especialista aclara que en estos casos los niños han sido criados bajo el temor de los padres a que le pase algo a su hijo, entonces la agresividad es generada por la intolerancia a las frustraciones. Como estos niños están acostumbrados a que todo se les de, no han aprendido a manejar las situaciones en casos contrarios. 
 
Medina recomienda que las familias en donde falte la madre o el padre, se debe trabajar para suplir esa figura que no está. Deben ayudarse con psicoterapeutas para que esta ausencia no deje huellas. Igualmente en los otros casos debe existir la intervención del especialista.
 
En el momento en que se presencia la conducta agresiva del niño, el padre no debe reaccionar de forma extremista, es decir, no debe excederse en el aspecto punitivo, ni tampoco ignorar la situación. Lo recomendado es hablar con el niño y hacerle ver que esa conducta no es la apropiada, pero lo primordial es que el padre reconozca que está cometiendo algún error que repercute en la conducta y personalidad de su hijo.
 
Es importante tomar en cuenta que esta agresividad percibida en la infancia, si no se maneja correctamente puede generar conductas delictivas y violentas en años posteriores. 
 
Fuente: Psicólogo clínico Jaime Medina. Teléfono: 0212.793.03.46. Twitter: @jaimeomc

 

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