Por Lenny Durán


Las situaciones de crisis producen temor e incertidumbre. Las agendas se trastocan y los hábitos se ven afectados debido a la misma inestabilidad.

Hay personas a quienes la angustia les afecta el apetito. Marisabel Lecuna, psicóloga clínica, resalta la importancia de mantener los hábitos y comer así no se tenga hambre, a fin de evitar problemas estomacales y otros trastornos de la salud.
 

La especialista recomienda en estos casos evitar saltar las comidas y procurar lograr en el entorno familiar un ambiente de tranquilidad. Señala que este tipo de situaciones afecta en gran medida a los niños, quienes ven afectadas sus rutinas de alimentación y de sueño, debido a que algunos no tienen clases, o son devueltos a sus casas.

“Es importante mantener los hábitos por encima de las circunstancias, los adultos tenemos que ser consistentes, tratar de que los niños a más tardar a las 9 de la mañana estén desayunados, así como si estuvieran en el colegio. Eso permite cumplir con las tres comidas principales y las meriendas”.
 

Agrega que es necesario romper el ayuno del niño, ya que si se deja que duerma hasta las 11 de la mañana va a pasar más horas sin comer y se les rueda el horario de comidas.

Para bajar los niveles de tensión, Lecuna también recomienda hacer actividades físicas, por lo menos media hora diaria y programar juegos que involucren el movimiento del cuerpo. “Eso además de fortalecer los músculos y mejorar la circulación va a ayudar a liberar la serotonina que produce una sensación de bienestar”.

Vivian Nuñez, pediatra y nutróloga, destaca que las personas que atraviesan por este tipo de situaciones deben tratar de hacer por lo menos una comida balanceada y equilibrada.
 

Señala que lo recomendable es hacer las tres comidas principales y las dos meriendas donde pueda estar presente la combinación de los seis grupos de alimentos (lácteos, vegetales, frutas, pan y cereales, grasas y las carnes).

“Hay que evitar el consumo de miseláneos (chucherías) y el consumo de jugos pasteurizados, que llenan al momento pero no alimentan. Hay gente que compra un barra de chocolate y se mantiene todo el día pero eso no sustituye comidas”.

Fuentes: Vivian Núñez, pediatra nutróloga – Marisabel Lecuna, psicóloga clínica

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