Por: Kenelma García

Desde lo más antiguo de la civilización y las culturas, existe lo que hoy conocemos como transexualidad, lo cual se refiere a personas que desean vivir permanentemente con un sexo opuesto al que tienen por naturaleza, por esta razón estas personas se someten a una cirugía de reasignación de sexo.

Existen dos manuales para la clasificación de las enfermedades mentales: el cie-10, utilizado en América Latina y el dsm IV utilizado en Europa y Asia. Ciro D`Avino médico psiquiatra y psicoterapeuta, explica que los especialistas, para definir si una persona es apta o no para la cirugía, deben evaluar al paciente y diagnosticar que verdaderamente sufran de trastorno de identidad de género.

Después de identificar que se está en presencia de un trastorno de identidad de género, se debe aplicar el protocolo designado por la Wpath (Word Professional Association for Transgender Healt), el cual consiste en 4 fases:

     La primera fase: protocolo de abordaje interdisciplinario de la transexualidad; es decir, el equipo que trabaja en este proceso: urólogo, cirujano plástico, endocrinólogo, psiquiatra y actualmente se está analizando integrar al servicio de sexología. 

   Segunda fase: tratamiento hormonal, trabajan conjuntamente el endocrino y el psicólogo para ayudar al paciente al proceso de adaptación de su nueva imagen.

    Tercera fase: experiencia de vida real, donde se comienza con el cambio morfológico del ser, por ejemplo, en el caso de los hombres, se hacen los implantes mamarios y se afinan los rasgos del rostro.

    Cuarta fase: cuando ya el paciente ha pasado las fases anteriores (lo cual dura de 3 a 4 años aproximadamente) y es aceptado por sus familiares y la sociedad en general, se procede a la reasignación del sexo.

Los psiquiatras intervienen en las cuatro fases anteriormente descritas, incluso debe seguir evaluando al paciente después de la intervención quirúrgica por al menos dos años más, porque tienen un alto porcentaje de riesgo de depresión, angustia y suicidio.

Es importante diferenciar, menciona D`Avino, entre transexual y travesti, el primero rechaza su sexo, mientras que el segundo, a pesar de que se viste como el sexo opuesto, disfruta, o no rechaza, su aparato genital.  

Este rechazo proviene desde la infancia, otro elemento a tomar en consideración para el diagnóstico del trastorno de identidad de género es que el paciente no haya sufrido alguna enfermedad médica (tumores, trastornos hormonales), ni alguna enfermedad mental (esquizofrenia, trastornos afectivos bipolares) para así constatar que el cambio de sexo es producto de su decisión y no de un componente externo.

Esto quiere decir que los transexuales tienen un componente genético que los predispone a esta condición. Incluso la transexualidad podría originarse desde la etapa fetal, D`Avino explica que  hay una alteración a nivel cerebral donde interviene la impregnación hormonal.

Después de la intervención quirúrgica

Los especialistas deben hacerle saber al paciente las complicaciones pos operatorias, ya que se está creando un nuevo miembro y esto podría causar infecciones, además de que no habrá sensibilidad en la zona.

Por esta razón se desea incluir al equipo de sexología, para que orienten al paciente en esta nueva etapa y le proporcionen herramientas para sentir placer, que no precisamente tiene que ver con la genitalidad, sino brindarles una gama de opciones para lograr satisfacción por medio de otras técnicas.

Fuente: Ciro D´Avino. Médico psiquiatra y psicoterapeuta. Teléfono: 0414.261.51.48. Twitter: @d_bigotto 

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