Por: María E. Rodríguez

 

Divorcios, problemas económicos, falta de tiempo para compartir con los hijos, mudanzas, en fin, son muchas las situaciones que llevan a los padres a sufrir de culpa. “Es un sentimiento displacentero que puede generar dificultades en las relaciones interpersonales y daños en la salud física y mental”, así define la culpa Soraya Sarmiento,  psicólogo clínico, especialista en terapia familiar. Debe estar alerta cuando pase por esa emoción porque  ella puede influir en el mantenimiento de patrones de conducta dañinos para la crianza de los niños y afectar sus vínculos sociales.

Padres que tuvieron patrones de crianza muy estrictos, poco cariñosos, agresivos o  inestables suelen esforzarse en que, su familia, no pase por situaciones similares. Y, si no lo logran, pueden padecer de sentimiento de culpa y afrontar la educación de sus pequeños, de manera errada. “Terminan aplacando sus sentimientos de culpa real o no, a través de la compensación en sus hijos de lo que no les fue dado y, en ocasiones, pierden  el sentido de lo que es realmente importante, tratando de sustituir sus carencias con la excesiva gratificación”, aclara. A veces trabajan en exceso para proveerles  de bienes y olvidan la importancia del amor y la cercanía. Por momentos, se vuelven ausentes.

El pasado marca la historia de los padres y, también, la de sus niños. Quienes vivieron en hogares rígidos tienden a educarlos con mano suave para no repetir el patrón anterior. “El resultado de todo esto es que tratan de complacer  sin medida, olvidando los límites  necesarios para el desarrollo integral de un individuo que vive en sociedad y que debe ajustarse a una serie de normas para lograr la armonía”, explica. Formar a un ser humano va más allá de cubrir sus necesidades físicas es vital trabajar la estabilidad emocional y la fuerza interna.

 

Crianza adecuada

 

El sentimiento de culpa, a veces, lleva a los padres a tratar de satisfacer todos los deseos  materiales de sus hijos, de forma exagerada. “Esta dinámica viene justamente de la sustitución del sentimiento de culpa  por el objeto o juguete. El más costoso es el que, en igual proporción, demuestra gran amor por lo que éstos no deberían reclamar la presencia o atención  de los padres en el hogar o perdonar sus faltas”, explica. Lo importante para los niños, en realidad, es el tiempo compartido, las palabras cálidas, los abrazos y el amor. Lo demás, es una alegría de un momento.

 

“Considero que, los padres, deben sanar sus heridas, evaluar y tomar conciencia de  sus propias culpas o  responsabilidades para luego formar un vínculo más sólido, estable y afectuoso con sus hijos que no esté marcado por la culpa sino por el amor”’, dice en tono reflexivo. Y siempre que sienta que no es posible deslastrarse del pasado recuerde buscar apoyo profesional que le permita una orientación correcta en la crianza.

  

Fuente viva: Soraya Sarmiento,  psicólogo clínico, especialista en terapia familiar  y en formación como psicoanalista. Teléfonos de contacto: 0414.304.99.07/ 985.13.74/985.27.74 Dirección de consultorio: Clínica  Av. Ppal de Santa Sofía, edificio el Convento PB, El Cafetal. Correo: [email protected]  Twitter: @psicologoaldia Fuente digital: www.inteligencia-emocional.org

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