Ser una buena madre implica muchos retos, uno de ellos, es el de convertirse en  el ejemplo y fuente de inspiración  de sus hijos para que se desenvuelvan de forma adecuada ante la sociedad.

El modelo de la mamá ideal describe a una mujer intachable en todos los sentidos, capaz de sacrificarlo todo y estar siempre dispuesta sacar adelante a su familia sobre toda adversidad. Su papel contempla: ser la que siempre tiene la comida preparada,  quien da un sabio consejo, y  lleva las riendas del hogar, entre otras cosas.

Los niños, la mayoría de las veces, repiten los valores y acciones de sus padres, por lo que una madre debe cuidar sus palabras y reacciones. Aunque,  una madre no pueda hacer que sus hijos sean como ellas quieran, pueden reflejarles los valores más profundos y verdaderos que tengan, para que sean la mejor versión de ellos mismos.

Además, una madre no debe olvidar que la “perfección” no existe y  que si actúa con amor, las cosas siempre van a salir bien.

Fuente: Patricia Omaña, psiquiatra.

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