Es un  hecho común y bastante desagradable que muchos padres han sufrido alguna vez: el niño (que no sabe nadar), cae al agua y se ahoga por unos 20 segundos; luego es reanimado y todo sigue bien como si no hubiera pasado nada. Sin embargo, siempre hay que estar alerta, pues si el niño empieza a dar muestras de cansancio o quejas, es necesario asistir a un médico ya que podría padecer de ahogamiento secundario.

Según la pediatra Andrea Masia de Barbieri, de Cap Sant Pere de Ribes (España), la única manera de que ocurra un ahogamiento secundario es que haya ocurrido un ahogamiento previo con reanimación. Es decir, si al niño le salpican la cara con agua y tose o traga agua accidentalmente, no habrá un ahogamiento secundario.

Además, acota la especialista que cuando un niño haya sufrido un ahogamiento previo, ya sea en una piscina o en la playa, por más que parezca estar recuperado rápidamente y tenga buen aspecto es mejor llevarlo a un hospital inmediatamente, pues el ahogamiento secundario empieza cuando el agua se introduce en los pulmones y se queda estancada, a pesar de la reanimación.

La acumulación de líquidos se llama edema pulmonar y causa dificultad respiratoria; puede no aparecer inmediatamente, sino hasta 76 horas después del episodio, siendo lo suficientemente grave como para ocasionar la muerte.

Fuente: ABC.es

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