El sarro es una acumulación de placa bacteriana. A las 24 horas ya se empieza a depositar sobre ella calcio, que siempre está presente en la saliva, y se endurece. La placa se convierte en sarro y con el tiempo, si no es removido, se calcifica cada vez más. Después de que pasa ese tiempo, no puede ser removido solo con el cepillo de dientes sino que debe ir a un odontólogo para que lo haga con ultrasonido o instrumentos manuales.

La formación de sarro depende de los hábitos de higiene bucal de cada persona. Todo el alimento se adhiere a la superficie de los dientes, y si no se realiza el cepillado con la técnica correcta, queda el alimento pegado a esta superficie. Si se deja pasar el tiempo se forma el cálculo o sarro.

La consecuencia principal del sarro es que el paciente padezca de gingivitis. Si se prolonga, puede tener mayores consecuencias como la enfermedad periodontal que, dependiendo de la gravedad puede ser leve, moderada o avanzada. Se puede observar pérdida de hueso y haber movimiento de los dientes, y posteriormente el paciente podría perder el diente.

Para evitar la acumulación de sarro se debe tener una buena técnica de cepillado: Se debe realizar 3 veces al día y después de comer. Además, la persona debe ir a controles odontológicos cada 6 meses. Dependiendo de la persona, unas son más propensas a generar sarro que otras por el tipo de saliva o el tipo de alimentación. Existen pastas dentales que tienen propiedades antisarro.

Fuente: Marion Rivero, odontóloga. Correo: Marionrivero@gmail.com Tlf: 0414.396.11.77

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