Según la revista especializada Guía Mamá y Bebé, las cosquillas son beneficiosas para los bebés por lo que se recomienda destinar tiempo del día para hacerlas.

Desde el punto de vista neurológico se debe ayudar al pequeño a descubrir nuevas sensaciones en el cuerpo, además de que pueden ser un antídoto eficiente contra el mal genio, la tristeza y el estrés de algunos niños.

Desde los primeros días de vida y hasta los tres años, al hacerle cosquillas a un bebé se favorece la maduración de las vías nerviosas de tipo sensitivo que son las encargadas de de informar al cerebro que algo pasa en el cuerpo y la reacción que debe darse.

¿Dónde hacerle cosquillas?

Las partes más sensibles de un niño con poco tiempo de nacido para hacerle cosquillas son las mejillas, el mentón y los pies. Luego de los dos años son los pies, la espalda, el estómago y las axilas.

Pueden dárseles besitos o hacer movimientos suaves en estas zonas para causar la reacción de disfrute y felicidad.

Además de crear un momento familiar agradable, emocionalmente las cosquillas ayudan a la socialización, a expresar emociones, a tener mayor confianza en sí mismos y físicamente ayuda a tonificar los músculos y a fortalecer el sistema inmune.

Sin embargo señalan que si a los niños no les gustan las cosquillas no deben hacérselas o parar cuando estos así lo deseen, también se deben evitar movimientos bruscos o fuertes.

Todo lo contrario 

Sin embargo, para la especialista en comportamiento infantil, Patty Wipfler varios estudios han demostrado que las cosquillas aparecen en repetidas ocasiones como una experiencia «dolorosa» de la infancia.

Además que esto les ha generado dificultad para aproximarse a otras personas, se mantienen en estado de alerta. «Cuando intenté averiguar por qué sentían esto, se refieren a que cuando les hacían cosquillas no conseguían que las personas se detuvieran y esto resultó en algo perjudicial», explicó la doctora.

 

Fuente: Guía Mamá y Bebé/Revista Familia 

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