Dos de cada diez pacientes diagnosticados con un cáncer de piel no melanoma presentaron un segundo cáncer, y de éstos, el 44% fueron detectados en los dos años posteriores al primer diagnóstico, según los datos de un trabajo llevado a cabo por la Universidad de Sevilla en colaboración con el Hospital Universitario Virgen Macarena.

Estos cánceres son tumores malignos de la piel diferentes a los melanomas que engloban dos tipos principales de tumores: carcinomas de células escamosas, epidermoide o espinocelular, y carcinoma de células basales o basocelular.

Según el estudio, los tres primeros años son clave para detectar otra lesión cutánea, disminuyendo a partir de entonces la probabilidad anual de un segundo cáncer cutáneo no melanoma, que transcurridos cinco años se reduce a la mitad.

Por ello, y tal y como afirma la profesora de la Universidad de Sevilla Adoración Nieto, investigadora del estudio junto a David Moreno, Javier Domínguez y Juan José Ríos, «es importante hacer un seguimiento del paciente durante los cinco años posteriores a sufrir el primer cáncer porque así detectaremos precozmente el 78% de los segundos».

Las personas que se exponen de forma excesiva a las radiaciones ultravioletas tienen un mayor riesgo de contraer cáncer de piel.

De este modo, los cánceres de piel pueden prevenirse mediante medidas sencillas como evitar la exposición al sol durante las horas centrales del día (entre las 12 y las 16 horas), utilizar gorras, sombreros o sombrillas para que el sol no llegue a la piel, y aplicar sobre la piel fotoprotectores solares con filtros de protección UVA y UVB adecuados a cada tipo de piel.

«Aunque las características genéticas de cada persona también influyen, evitar la exposición inadecuada al sol o a otras fuentes artificiales de ultravioletas como las lámparas de las cabinas bronceadoras, ayudará a disminuir la aparición de tumores cutáneos y en el caso del melanoma es especialmente importante evitar la exposición aguda e intermitente al sol, que causa quemaduras solares, sobretodo en la infancia y adolescencia», reitera la investigadora Adoración Nieto de la Universidad de Sevilla.

En cuanto a quienes corren más riesgo de padecer este segundo cáncer, el estudio detalla que son los pacientes mayores de 60 años y aquellos cuyas lesiones se localizan en las extremidades.

Aunque estos dos tipos de cáncer de los que hemos hablado al principio de la noticia son los cánceres de piel más frecuentes, la Asociación Española Contra el Cáncer (AECC) señala que no representan más del 0,1% de las muertes debidas a esta enfermedad.

Ambos, además, aparecen normalmente en personas de piel clara que han estado expuestos durante mucho tiempo al sol. Su tratamiento radica en métodos locales (criocirugía, radioterapia, escisión simple) con muchas posibilidades de curación en la mayoría de los casos.

Así tanto su diagnóstico como su tratamiento precoz es importante para mejorar los resultados terapéuticos, especialmente en áreas estéticas como la cara, en la que puede ser necesario el uso de cirugía combinada con anatomía patológica intraoperatoria –cirugía de Mohs- para conseguir bordes libres del tumor limitando lo más posible el área tratada.

Fuente: www.elcorreo.com 

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