Marcelo Rubinstein, químico galardonado en 2014 por la Academia Mundial de Ciencias por la comprensión de los genes involucrados en el apetito, la adicción y la obesidad, plantea que La respuesta a por qué cientos de personas en el mundo no pueden adelgazar aunque se lo propongan está escondida en el cerebro y sus siglos de evolución.

Ya que cuando se estudia la relación del hombre con el alimento, según el especialista, se inicia de un concepto equivocado. «El 80% de la bibliografía indica que funciona de manera de hacernos comer la misma cantidad de calorías que las que gastamos, apelando a una situación donde el balance sea igual a cero», señala el especialista.

Ese tipo de balance regula sistemas como el de la temperatura corporal: si aumenta, el cuerpo dispara mecanismos para que vuelva al mismo valor.

Si el cuerpo se enlazara con el alimento de esta forma, según Rubinstein, bastaría que una persona obesa empezara a comer menos para que vuelva al peso que tenía antes. No obstante, no ocurre así.

Una de las respuestas se localiza en una zona del cerebro llamada hipocampo, la cual desempeña un papel clave en la formación de recuerdos y en la detección de nuevos entornos, acontecimientos y estímulos.

Rubinstein descubrió que cuando el cuerpo se excede mucho en su peso y luego come menos, adelgaza; pero no llega al peso del que partió. Esto se demostró con ratas a las que bloquearon un gen asociado a la saciedad. Sin el gen la rata comía de forma desmedida. Cuando el gen fue activado, adelgazó pero no llegó al peso ideal. Lo mismo pasa a muchas personas, reflexiona Rubinstein.

«Esa sensación de que comemos en vacaciones y no pasa nada porque después volvemos atrás no es tan así», puntualiza. El hipotálamo regula «el seteo» del cuerpo en un determinado peso pero «cuanto más se aleja del seteo normal más difícil es que regrese (sube la vara cada vez más alta). La obesidad es una condición que se perpetúa».

Evolución

El especialista considera que hay elementos de la evolución que van contra la voluntad de adelgazar. Uno es que el cuerpo está «programado» para alimentarse, porque si no,  no adquiere fuerzas para sobrevivir ni estado físico para reproducirse y perpetuar la especie. La necesidad de comer y su placer vienen desde las épocas más antiguas.

En la misma línea, las zonas del cerebro relacionadas al control de las decisiones son más modernas en términos evolutivos que la zona que promueve a tomar determinados alimentos, revela el experto.

Por otra parte, la formación de la grasa en el cuerpo es un mecanismo avanzado porque durante cientos de años el cuerpo no sabía cuándo iba a volver a recibir comida.

“En un ambiente en el que no hay que trasladarse para obtener alimentos ni estar en línea para huir de depredadores; en un entorno que estimula la ingesta de calorías y un cuerpo preparado para guardarlas por si hay hambrunas y para subir el límite permitido cuanto más se ingiera, la voluntad queda en desventaja”, reflexiona el experto.

¿Cómo bajar de peso?

Rubinstein no da recetas, pero enfatiza: «Tenemos que entender cómo somos y cómo funcionamos. No hay magia. Todos los mecanismos de nuestros cerebros son los mismos que tienen todos los animales. Usemos nuestra inteligencia para manejar la situación». Por esto último entiende protegerse del ambiente «obesogénico», cuidando no volverse obeso. «En lo que más hay que trabajar es en la calidad y la cantidad y protegernos de nuestro depredador que somos nosotros mismos, por el marketing que tiene la industria de los alimentos”, finaliza.

Fuente: elpais.com

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