¿Sabías que en realidad cuando te estallas los nudillos, no estás recolocando los huesos? La ciencia explicó hace unos años que el crujido de los dedos es debido a que entre los huesos de las articulaciones se crea pequeñas burbujas de nitrógeno. Al apretar los huesos entre ellos, estas burbujas explotan, produciendo ese curioso y apasionante sonido.

Líquido interior
Una vez que hallas las burbujas estallaron, no podrán volver a hacer crujir hasta que pase un intervalo de tiempo entre 15 y 30 minutos. Este es el tiempo necesario para que los gases vuelvan a disolverse completamente en el líquido sinovial. Cualquier intento antes del tiempo necesario logrará un sonido mucho más débil o ningún sonido.
O eso es lo que creíamos. Y es que un nuevo estudio realizado por científicos canadienses ha demostrado la teoría de las burbujas no era del todo correcta.

Estudio 
Los científicos pusieron los dedos de voluntarios en un dispositivo que tiraría con un cable de su extremo, con el objetivo de provocar el crujido, y los metieron dentro de una máquina de imagen por resonancia magnética. Los resultados se grabaron en vídeo.

El tirón del dispositivo provoca que los dos huesos del dedo se separen, hasta que “crujen” y vuelven a chocar entre sí. Lo interesante llega cuando vemos que ambos huesos acaban más distantes el uno del otro que antes de crujir, y que al instante se forma una zona oscura en la imagen.

¿Es por el gas?
La nueva hipótesis explica que esa zona oscura entre los huesos son gases que se forman cuando los huesos chocan entre sí después de ser separados, y también que es esta formación repentina es la que provoca el reconocible sonido. Por lo tanto, no es que se creen burbujas por si solas y las estallemos, es que las creamos cuando nos crujimos los dedos.

Fuente: Mens Health
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