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Si realizas deporte de alta intensidad, es probable que roces tu límite sin saberlo. La culpa la tienen los iones de hidrógeno (H+), que hacen decrecer el pH de tu músculo. ¿La consecuencia inmediata? Contracción muscular o, en otras palabras, fatiga. Pero tu cuerpo se guarda un par de ases en la manga, la carnosina y el bicarbonato.
Bicarbonato. El ejercicio de alta intensidad provoca una alta tasa de glicólisis anaeróbica, superando la capacidad tamponadora intracelular de la carnosina. Para luchar contra esto, la suplementación con bicarbonato puede aumentar la concentración habitual de esta sustancia y ayudarte a evitar el efecto negativo de la acumulación de iones de hidrógeno en la célula muscular.
La dosis más utilizada es de 300mg por kilogramo de peso 1-2 horas antes del ejercicio, disuelta en 1 litro de agua. Estas dosis tienen un problema: pueden causar molestias gastrointestinales, náuseas, vómitos y diarrea. Si quieres evitarlo reparte la toma en pequeñas dosis empezando 120-150 minutos antes del ejercicio.
Carnosina. Se encuentra en el citosol de la célula muscular, sobre todo en las fibras musuclares FT, es decir, las de contracción rápida. Los entrenamientos de alta intensidad aumentan la concentración de carnitina muscular pero la suplementación con β-alalina ayuda a reducir de manera muy eficiente la fatiga propia del ejercicio.
Consume 4-6g de β-alanina al día dividido en 6-8 tomas de la misma cantidad durante unas 4 u 8 semanas. Ingiere diferente tomas u opta por suplementos de liberación lenta porque dosis superiores a 800mg pueden generar parestesia moderada, es decir, una sensación de hormigueo, entumecimiento o enrojecimiento.

Fuente: Mens Health
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