Un estudio llevado a cabo recientemente y publicado en Francia expuso que los teléfonos inteligentes, las tabletas digitales y los ordenadores  alteran el proceso de dormir de los adolescentes.

La luminosidad de las pantallas de estos aparatos interviene en la producción de la melatonina, la hormona que induce el sueño. Los Jóvenes que se duermen a las tres o cuatro de la mañana es algo cada vez más frecuente y esta conducta se está convirtiendo en un problema de salud pública.

Réseau Morphée, es una red de salud que toma en cuenta los trastornos de sueño, ha publicado un estudio sobre el sueño en los adolescentes con cifras alarmantes que manifiestan el impacto negativo de las nuevas tecnologías en el proceso de dormir de los jóvenes. El 27% de los adolescentes padece de una falta de sueño de por lo menos dos horas. Más de la mitad posee problemas para levantarse por la mañana, 23% está irritable todo el día y otro tanto está somnoliento o se duerme en clase.

El profesor Pierre Escourrou, director del Centro de la Medicina del Sueño del Hospital Antoine Béclère en París y miembro fundador del Réseau Morphée, da otras cifras relevantes: “33 % de los adolescentes mira el ordenador más de una hora después de la cena, 15% envía mensajes de textos (SMS) y 11% se conecta a las redes sociales en la noche. Por eso, a la mañana siguiente para el 30 % de los jóvenes es muy difícil levantarse”.

En realidad, el ciclo de sueño en los adolescentes es distinto al de los adultos. El somnólogo Francisco Segarra y portavoz de la Sociedad Española del Sueño expone que “los adolescentes tienen una organización fisiológica que hace que ya de forma natural les viene el sueño tarde y se levantan tarde. Esto es un proceso fisiológico normal.  Si además a esta situación se le junta una serie de hábitos externos ligados a la luz externa de los ordenadores, videojuegos, ipads y demás, la situación se agrava y puede llegar a convertirse en un síndrome de retraso de fase”.

Un 10 % de los adolescentes consigue padecer de este síndrome de retraso de fase, es decir un sueño desplazado en el que el joven no consigue dormirse antes de las tres, cuatro o cinco de la madrugada. A discrepancia de los insomnes, si se le permite, el joven logra dormir de forma continua las 8 o 9 horas que necesita.

Para prevenir esto, los expertos exhortan que los jóvenes posean horarios regulares para ir a dormir. Se sugiere igualmente que, dos horas antes de acostarse, hagan actividades relajantes y evadan actividades estimulantes como los videojuegos o la exposición a la luz derivada de las pantallas digitales. Asimismo se debe comprobar que el joven no se vaya a la cama con su teléfono u otro aparato similar.

Fuente: espanol.rfi

También puedes consultar: 

Exhalar el dolor: sugerencias respiratorias para ayudar a los niños a relajarse

La figura paterna mejora el desarrollo psíquico y físico de los niños

Comenta y se parte de nuestra comunidad